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OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA DE SOL A SOL

23 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

«El reinado del hijo único», titulaba la revista Newsweek para describir la situación de la natalidad en los países desarrollados y en otros no tan desarrollados. Una oleada de pequeñas familias parece extenderse por el mundo como una manifestación más de la globalización. Los temores de hace treinta años de un mundo superpoblado sin los recursos alimenticios necesarios han sido sustituidos por los de un mundo sin relevos generacionales suficientes. Los adivinos de antaño no estuvieron muy finos. ¿Lo están los de ahora cuando vaticinan crisis brutales de los sistemas de pensiones o desmoronamientos culturales determinados por una inmigración masiva? El demógrafo romano Antonio Golini es especialmente fatalista: «Italia no será mucho tiempo italiana. Es el fin de la sociedad tal y como ahora la conocemos». Está claro que, a la luz de las cifras, donde dice Italia podría decir España. Y la situación tiende a empeorar: una encuesta de una revista italiana revela que el 52 por ciento de las mujeres entre 16 y 24 años está decidida a no tener hijos, especialmente porque «interfieren en su carrera». ¿Es que peligra incluso el reinado del hijo único?