PEDRO VILLALAR
15 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Las grandes empresas, embriagadas por los néctares de la globalización económica, habían perdido, al parecer, las referencias de la realidad que todavía, afortunadamente, rigen en la vieja Europa. Así, la multinacional Danone, arrastrada por las noticias de ultramar que hablaban de despidos masivos y de cierres de factorías en Estados Unidos, anunció recientemente el cierre de dos plantas en Francia -ubicadas en Calais y en Evry-, lo que supondría la pérdida de 570 puestos de trabajo. Los franceses, con su Gobierno a la cabeza, se indignaron por esta medida traumática dictada por una empresa boyante y saneada. Algunos sindicatos, ciertos partidos políticos, diversas instituciones y determinados movimientos antiglobalización decretaron un eficacísimo boicot contra Danone. La respuesta de la compañía no se ha hecho esperar: se ha comprometido a presentar tres ofertas de empleo -una de ellas en la propia empresa- a cada una de las 570 personas que están afectadas por la reestructuración en marcha. Por fortuna, las decisiones económicas más dolorosas ya deben someterse en Europa al arbitraje social. No tendría sentido que fuera de otro modo en países donde la democracia es algo más que simple retórica.