A MEDIDA

La Voz

OPINIÓN

MANUEL ALCÁNTARA

24 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Cada vez que asesinan a un político que no llevaba escolta se piensa que no hubiera muerto en caso de haberla llevado. Nunca se supone que habría habido dos muertos. Los terroristas gozan siempre de la misma ventaja: saben quiénes van a ser sus víctimas, en contraposición con éstas, que ignoran quiénes van a ser sus verdugos. En todo caso, es legítimo especular con el efecto disuasorio que provocan los guardaespaldas, ya que la única ley que acatan los asesinos es la del mínimo esfuerzo. En vista de eso, los gobiernos central y vasco han acordado ampliar las escoltas. Sería más barato, por supuesto, en vez de aumentar el número de escoltas, disminuir el número de asesinos, pero eso parece imposible. Han pasado muchos años desde que Rodolfo Martín Villa dijo aquello de que «o nosotros acabamos con ETA o ETA acaba con nosotros», pero los atentados son el cuento de nunca acabar. ¿Cómo se garantiza la seguridad? No es justo exigirle a nadie el carné de héroe. La actividad de los que rigen o aspiran a regir los asuntos públicos arroja más muertes que ninguna otra. Una carrera política tiene más riesgo que una carrera automovilística. Se quiere encontrar la solución en los escoltas pagados a medias. No sé. Ojalá evite más crímenes, pero mejor y más barato sería que los políticos se disfrazaran de curas.