LA MATÉ PORQUE ERA MÍA

La Voz

OPINIÓN

VENTURA PÉREZ MARIÑO

21 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Acaba de hacerse público el dato de que la mayor causa de muerte entre mujeres de 25 a 40 años se debe a la violencia doméstica. Como si de una plaga se tratase, cada día se publican más noticias y notorias de mujeres maltratadas, a veces asesinadas, a manos de hombres, lo que ha disparado las alarmas. No pretendo analizar ahora las causas de la violencia doméstica sino, al hilo del convenio firmado por el Ayuntamiento de Santiago y el Colegio de Abogados para proveer de forma gratuita de abogados a las mujeres maltratadas en los juicios de faltas, señalar cuáles serían algunas iniciativas de urgente necesidad en el ámbito judicial. La asistencia jurídica gratuita en los juicios de faltas, tal como se ha establecido en el convenio firmado en Santiago, es loable pero insuficiente. La víctima/mujer necesita asistencia jurídica desde el primer momento: cuando sucedieron los hechos, cuando las pruebas se pueden encontrar, cuando es posible acumular denuncias por violencias anteriores...; cuando, en definitiva necesita ayuda. Los órganos judiciales no son siempre eficaces, y por eso en Elche, Alicante y Orihuela se han constituido el pasado año juzgados especializados en violencia doméstica en los que, como primer éxito, se ha podido constatar un aumento de las denuncias presentadas ante esos juzgados y un mayor uso de medidas cautelares en protección de la víctima (mujer). Por otra parte, con dichos órganos se ha logrado una centralización de las denuncias en un solo juzgado que permitió un mejor control de la apreciación de la habitualidad en el maltrato, y supuso el enjuiciar la violencia doméstica de baja intensidad (falta) en violencia (delito). Además, esos juzgados han permitido una óptima relación y coordinación con las Administraciones Públicas implicadas en la lucha contra ese fenómeno, y un mayor uso de la posibilidad legal de prohibición de aproximación a la víctima desde el inicio del procedimiento. El asunto es tan perentorio -se mata a más mujeres en el ámbito doméstico que muertos hay por asesinatos de ETA-, que es imprescindible una rapidísima respuesta desde las instancias judiciales. No estamos en presencia de un problema anecdótico ni privado, ni de una mujer y su pareja, sino de un problema social, de machismo, de imposición de un género sobre otro, del «la maté porque era mía» del que toda la sociedad se debe corresponsabilizar.