FEDERICO ABASCAL
20 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El riesgo de salir a la calle, de entrar en un bar o de decir lo que se piensa, si el pensamiento no se mueve en las coordenadas del nacionalismo, sigue siendo muy alto en el País Vasco. ETA asesinaba ayer al concejal socialista Froilán Elezpe Inciarte. Y todo porque la víctima se enfrentaba al pensamiento único, totalitario y envilecido, de una banda asesina. Hay miedo, auténtico miedo, en el País Vasco, y no precisamente entre los políticos amenazados, que son todos los que rechazan tanto la doctrina unitaria y sangrienta del terrorismo como la del sector social que hace coincidir en el tiempo sus aspiraciones soberanistas, previa una autodeterminación ya programática, con las oleadas de asesinatos etarras, transmitiendo así la impresión de se trataría de doctrinas de algún modo complementarias. El último sondeo del CIS, revelado ayer, refleja el miedo ciudadano en el alto porcentaje de quienes se niegan, porque no se atrevan tal vez, a confesar su intención de voto. No es un número muy alto de indecisos; más bien sería un número acongojante de temorosos. Podía haberle ocurrido a otro, siempre que no fuera nacionalista, decía Rodolfo Ares, compañero de la víctima. Se abre así en la sociedad vasca el muro del riesgo, que separa a quienes nada temen en la situación actual, a no ser la pérdida del poder, de quienes, amenazados e intimidados, son simples números de la ruleta etarra, a la espera de que bolita les señale. Y esto gravísimo, especialmente ante una convocatoria electoral, en la que unos van a hacer campaña sin más protección que su camisa, y otros van a jugarse su propia piel en cada instante.