ETA, CONTRA TODOS XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS
18 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El mismo día que los etarras eligieron para asesinar a Santos Santamaría, y meter a los Mossos d''Esquadra en el saco sin fondo de sus dianas, una enorme manifestación de aberzales recorría Bilbao en apoyo de Haika, culpando al «fascismo español» de todo lo que pasa. Mientras en Roses lloraban al agente muerto, y limpiaban en Gandía los cascotes del terror, en Bilbao se repartían los cócteles molotov que usa ETA para explicar su plan de gasolina para la reconstrucción de Euskadi. Y por eso me aferro a la esperanza de que aquella impresionante masa que discurría por las calles bilbaínas diste mucho de ser homogénea, y que alguien sepa distinguir al pequeño grupo de asesinos encapuchados que tanto presiona a los millones de españoles que lloramos por un lado, como moviliza y manipula a los jóvenes bilbaínos que desfilan por el otro. Porque si fuese cierto que todos aquellos están de acuerdo con ETA, y si hay que aceptar que sólo los asesinos se bastan para alentar el babel del terror y sumir a España en un panorama tan confuso, la situación sería aun peor de lo que creemos, y nadie podría librarnos de un choque civil en toda regla. No puede ser verdad que la riada de gente que bajaba por las calles de Bilbao esté dispuesta a firmar debajo del crimen de Roses y de la bomba de Gandía. No puede ser verdad que donde unos vemos y olemos el azufre del terror, vean los otros el verde esperanza de la construcción nacional. Y por eso me niego a aceptar que al discurso simple del terror, hecho de buenos y malos, sólo le pueda contestar el discurso obvio y simple del antiterror. Con la campaña electoral en ciernes, se hace evidente que el duelo entre la protocoalición popular-socialista y el nacionalismo está resbalando peligrosamente sobre un conflicto social complejo, mal diagnosticado y peor enfocado, que deja al aberzalismo más confuso y vociferante a merced de ETA y sus secuaces. Y por eso conviene recordar que, si una cosecha no termina hasta que el trigo se separa de la paja, las elecciones vascas no servirán de nada hasta que sus resultados permitan romper la ecuación entre aberzales y terror, y rescatar de las fauces de ETA a los miles de jóvenes que salen cada sábado a las calles de Euskadi. El discurso electoral que magnifica estratégicamente la influencia que ejerce ETA sobre la sociedad vasca es un suicidio. Y, vistas las fotos del sábado, pone los pelos de punta.