VENTURA PÉREZ MARIÑO
05 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Hay noticias propias de lugares recónditos, de difícil comprobación, que aparecen de cuando en cuando en los medios de comunicación en el apartado de curiosidades o son divertidos recursos de verano cuando escasean los sucedidos. Pero pensar que en Cambre estaba la noticia resulta sorprendente, y sin embargo ha pasado como publica hoy La Voz: una mujer nigeriana, esclava sexual y laboral de un respetado, me imagino, industrial gallego. El asunto habría que tomarlo a broma si no fuera porque la víctima es una persona de carne y hueso y porque en realidad es el iceberg de una enorme hipocresía social. A nadie se le escapa que la situación socioeconómica de Nigeria propicia el que se exporten mujeres para cualquier quehacer, incluida la prostitución y, al igual que Nigeria, de tantos países donde existe una pobreza extrema. El pensar que esas mujeres son libres cuando ejercen tan antigua profesión es, en el mejor de los casos, una ingenuidad de la que partió el Código Penal de 1995 cuando estableció de buen grado la existencia de una relación prostituta/cliente en igualdad de condiciones. La realidad es muy otra: mujeres colgadas de la droga o provenientes de países paupérrimos, sin más opción, son explotadas/esclavizadas sexual y laboralmente en España por desaprensivos proxenetas/rufianes, y por sus cómplices, los demandadores de sus servicios, ante la mirada estrábica de las autoridades responsables, que alegremente piensan se trata de un concierto legal entre personas mayores y pretenden que, en su caso, sean las prostitutas las que denuncien a sus amos, con el riesgo evidente de perder su trabajo, su vida o ser expulsadas del país. Si en realidad algún día se desease atajar la esclavitud y explotación que esas mujeres sufren, debería empezarse a investigar de oficio y concederles entretanto permisos de residencia y trabajo, que bien ganado se lo tienen, y veríamos cómo se encuentran a cientos. De ser ciertos los hechos, el ciudadano de Cambre, epígono pueblerino de tratantes de blancas, buscó la cuadratura del círculo: además de las relaciones sexuales, que le trabajara gratis. Despreció el perdulario, en su interés, los más elementales derechos de la persona. Sería de desear una condena ejemplar y rápida. Pero las autoridades deberían tomar nota y no quedarse con la espectacularidad de la noticia, ni con el éxito de la detención. Detrás de esa mujer hay cientos en condiciones similares.