XOSÉ FORTES BOUZÁN
22 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Las motivaciones de fondo del 23-F hay que buscarlas en la incapacidad de una jerarquía militar, forjada en la guerra civil, para asumir los valores democráticos. Jalones visibles del malestar militar fueron las dimisiones del vicepresidente De Santiago y del ministro Pita da Veiga, por no hablar de las actitudes ante los intentos de amnistiar a los expulsados de la UMD. El texto constitucional tampoco agradó a los militares. Basta recordar los insultos del general Atarés a Gutiérrez Mellado en Cartagena, que Miláns tuvo a bien no sancionar, para hacernos una idea de cómo estaban los ánimos. Aunque lo que creó una situación límite fue la brutal ofensiva terrorista de ETA. Los antecedentes del golpe hay que situarlos en la reunión de Xátiva y en la operación Galaxia, aquella charla de café sancionada con penas irrisorias. Malestar de fondo y sensación de impunidad, agravada por la crisis de UCD, terminaron convergiendo en las tres hipótesis golpistas resumidas en el informe del Cesid de 1980. Esta confluencia, acelerada o no por el Cesid -tesis de Palacios-, explica la falta de entendimiento entre los protagonistas, el excesivo peso del factor humano y en definitiva su fracaso. Tejero, aunque con estética lamentable, cumple su papel, pero en su megalomanía terminará ninguneando a Armada y desobedeciendo al propio Miláns. Miláns, escudándose en el provocado vacío de poder, dio el golpe en Valencia, pero no logró provocar el efecto dominó. Sobrevaloró su prestigio e infravaloró el hecho de que el Rey era, además, capitán general. El papel de Armada quedó muy deslucido al faltarle el decorado de la Zarzuela, imprescindible para seguir manteniendo la ficción del respaldo real. En sus momentos cruciales el destino del golpe sobrevoló la División Acorazada. Todos nos preguntamos asombrados qué dosis de ambición anidó en la fría cabeza de San Martín, impidiéndole estar ausente del escenario principal. Con la llegada de Juste y su llamada a la Zarzuela, un jarro de agua fría cayó sobre el ardor guerrero de la DAC.