JUAN CARLOS MARTÍNEZ LA ESCENA GALLEGA
19 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Ya se sabía. Pérez Touriño es un tipo sensato, aparte la insensatez esencial de haber aceptado en su día la secretaría general del PSOE gallego, que fue como ponerse a desmadejar el hilo por los vericuetos de «nuestro propio laberinto», como define él mismo la realidad que encontró en ese partido suyo. En los primeros pasos de esta precampaña maratoniana, Touriño es sensato al pedir el «aporte positivo del nacionalismo democrático» para el proyecto de gobierno gallego que defienden los socialistas. No puede ser de otra manera. Todos los animalitos son de Dios. Es decir, que al público no le gusta la tergiversación y, hoy por hoy, imaginar una Galicia bipartidista -o sea, sin el BNG o sin el PSOE- es tergiversar la realidad. Más aún. El público hace cuentas sumando los resultados del Bloque con los del PSOE, como harán, sin duda, los politólogos del PP y todos los miembros de la oposición en el Parlamento gallego; eso sí, cuidando que no los vean desde el grupo de al lado, por aquello de una declaración de Barcelona más o menos. Aunque les duela a los más pesimistas del PP, a los antisocialistas del BNG y a los antinacionalistas del PSOE, el público ve funcionar con normalidad concellos aliados como los de Ferrol y Lugo (en el caso de Vigo hay que hacer un espeso paréntesis). Y esa percepción se debe llevar al discurso político, como hace Touriño, porque ya no cuela el ocultismo ni la ciencia ficción.