UN SUMANDO MENOS

La Voz

OPINIÓN

LA IGLESIA Y LA POLÍTICA ROBERTO L. BLANCO VALDÉS

16 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

El portavoz de la Conferencia Episcopal ha vuelto a decirlo: la Iglesia española no firmará el pacto contra ETA. Los motivos de una negativa que, con razón, ha de resultarle tan amarga a millones de católicos, serían aceptables si fueran comprensibles. Pero por desgracia no lo son. Argumentan los obispos contra el carácter político del pacto. Y argumentan afirmando: «No somos un sumando más». ¿Es un documento político el pacto contra ETA? Sin ningún género de dudas. ¿Qué otra cosa podría ser? ¿Un pacto químico? ¿Un pacto metafísico? No, el pacto contra ETA es lo único que un pacto de tal naturaleza puede ser: un pacto político, en el más noble de los sentidos del término político: el de la política como acción destinada a alcanzar el bien común, como instrumento indispensable de gobierno de los intereses generales. Es cierto, claro, que cabe perseguir tales intereses desde ópticas diversas. Y es cierto, también, por eso mismo, que cabe discrepar, ¡sólo faltaría!, del acuerdo contra ETA, pese a que el mismo haya sido rubricado por quienes representan a la inmensa mayoría de la opinión pública española. Ahora bien, dada la importancia trascendental de los intereses implicados en el pacto -la vida, seguridad y libertad de muchos cientos de miles de personas- el que discrepa ha de aclarar a esa misma opinión pública cuales son sus diferencias con un consenso tan amplio como trabajosamente conseguido. Porque no quiere, o porque no puede, la Iglesia no lo ha hecho. Para zozobra de sus fieles y ventaja de quienes la acusan de tibieza ante el más grave reto moral que cabe imaginar: el de optar entre los verdugos y sus víctimas. Por lo demás, la Iglesia tiene toda la razón cuando afirma convencida no ser «un sumando más» en nuestra sociedad. No lo es: ¡Qué duda cabe! La Iglesia no es un partido, ni es un sindicato, ni una organización profesional, aunque tenga algo en común con todos ellos. No: la Iglesia católica española, pese a estar hoy lejos de sus pasados esplendores, es un cuerpo colectivo que goza de una autoridad por su propia naturaleza incomparable a la de quienes no osan siquiera pretender representar a todo el mundo. Porque la Iglesia lo ha pretendido desde los orígenes del tiempo, es por lo que su voz debería hoy estar donde está la de los que sufren el horror. Por no ser un sumando más la Iglesia ha aceptado, tristemente, algo peor: ser un sumando menos. Solamente.