DIECISIETE Y UNO, DIECIOCHO

La Voz

OPINIÓN

LOS REINOS DEL PSOE ROBERTO L. BLANCO VALDÉS, catedrático de Derecho Constitucional

12 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Lo peor de la lucha partidista es que dificulta, mucho más de lo que sería razonable, la comprensión de los problemas. Rodríguez Ibarra y José Bono deciden apoyar el plan hidrológico del gobierno del PP, y ya tenemos la jarana organizada. El presidente de Aragón afirma que su gobierno recurrirá la Ley de Extranjería, y la jarana se alza en gresca. El PP descubre, de pronto, un filón inesperado y el PSOE se aplica raudo a tapar una grieta por la que podría írsele el crédito trabajosamente acumulado. Pero nadie se preocupa de explicar, matizar y buscar el sentido de las cosas. Y las cosas tienen, sin embargo, su sentido: ¡vaya si lo tienen!. El de la decisión de los presidentes castellano y extremeño es evidente. Apoyando un plan que les parece positivo para sus respectivos territorios, Bono e Ibarra han hecho lo que de ellos se esperaba: comportarse como jefes de gobierno antes que como militantes de partido. Meter en ese saco el anuncio del presidente aragonés es querer confundir el culo con las témporas: ese anuncio no es sino la consecuencia de la imposición de IU, uno de sus socios de gobierno, que aspira, torticeramente, al logro de un objetivo de otro modo inalcanzable. Por eso, la legitimidad de las discrepancias internas socialistas es muy distinta: Bono e Ibarra han hecho bien al romper una disciplina de partido cuyas consecuencias hubieran debido soportar los ciudadanos de los territorios que gobiernan: los que votan socialista y los que no. El presidente de Aragón ha actuado, por el contrario, como un oportunista irresponsable al haber dado su apoyo, en contra del criterio del PSOE, a una decisión que sólo beneficia a IU y al PP: a IU, porque le permite abrir un conflicto sobre la constitucionalidad de la Ley de Extranjería, que IU no podía plantear, al carecer de los diputados necesarios para presentar un recurso por sí misma: y al PP, porque da credibilidad a su discurso de que el PSOE es un guirigay ingobernable que no merece confianza. En todo caso, Zapatero deberá aguantar el chaparrón porque, y esto es lo que los conflictos tienen en común, todos son expresión de la constitución territorial de este país: un Estado federal, donde hay dieciocho gobiernos y dieciocho parlamentos. Comprendo, claro, que lo peor debe ser soportar, al mismo tiempo, a Maragall dando la matraca, un día sí y otro también, con que «¡España debe caminar hacía un Estado federal!».