HEREDEROS

La Voz

OPINIÓN

ANTONIO PAPELL

10 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

El pasado jueves, el presidente de la comunidad valenciana, Eduardo Zaplana, llegaba a la capital del reino a presentar un libro, El acierto de España. La vertebración de una nación plural, arropado por el vicepresidente Rato y siete ministros, por Ana Botella, por José Bono, por Miquel Roca... Tan buena compañía hace inocultable que han comenzado los movimientos sucesorios, toda vez que Aznar no piensa presentarse a las elecciones del 2004; Zaplana mantiene la postura oficial al respecto: insistir en que Aznar reconsidere su posición; sin embargo, es uno de los barones mejor instalados para aspirar a la herencia presidencial: es joven, brillante, bien relacionado con el núcleo duro del poder popular. Su principal rival en esta carrera, Ruiz-Gallardón, reúne casi las mismas condiciones pero le falta sintonía con el aparato. El PP difícilmente se librará del desgaste que va a producirle el hecho insólito de que su líder indiscutible haya anunciado con tanta anticipación que no va a continuar en La Moncloa. Tal decisión, impropia de los regímenes parlamentarios, constituye sin duda una medida plausible de profilaxis política, pero tiene el inconveniente de abrir antes de tiempo la pugna por el poder, tan inevitable como natural. Después de todo, quienes están en la política aspiran, sin excepción, a ser presidentes. ¿Cómo impedir que lo demuestren si se les brinda la oportunidad?