LA NUEVA ROCA DE SÍSIFO

La Voz

OPINIÓN

VENTURA PÉREZ MARIÑO

09 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Esto es una calamidad, como si del castigo a Sísifo se tratase. Cuando las sociedades europeas alcanzábamos la utopía con las manos, cuando la llegada del nuevo siglo era un anuncio ya no sólo de toda clase de bondades y bienestar, sino sobre todo del control de las enfermedades y de la supresión de las taras genéticas aun antes de nacer, la roca que portaba Sísifo rueda marcha atrás por la ladera abajo de la montaña, y nos resitúa en siglos pasados entre el cólera o la peste bubónica, enfrentados, desorientados a nuestro sino: los síndromes. Vacas locas, uranio empobrecido, de la clase turista, o de los alimentos transgénicos. Estamos habituados a la enfermedad y al desastre, y los aceptamos de buen grado: los viejos barcos petroleros sin control expulsan sus bilis por los océanos, el tabaco ennegrece los pulmones, el alcohol desmedido acerca la cirrosis, el fin de semana en las carreteras es una moneda de cambio sobre la mayor o menor seguridad vial. Todas ellas en conjunto no son más que un guarismo, un dato estadístico sobre el que se especula pero no se evita. Los síndromes actuales son otra cosa, representan la enfermedad virtual y contra ellos nos revelamos como si se tratase de fornidos molinos de viento, intolerables. Matamos todo lo que se mueve, las vacas enfermas y todas sus compañeras de establo... ¿A qué viene tanto furor? ¿No convendría poner un poco de mesura en todo este desaguisado? Las primeras muertes en el Reino Unido por la variante Creutzfeldt-Jacob se produjeron en 1995 y hasta la actualidad se contabilizan 81, en tanto que en estos años llegan a 600.000 las muertes por enfermedades asociadas al tabaco. Con el mismo método, no es ya que no quedase un paquete de tabaco sin destruir, es que ni un estanquero seguiría en pie. Más sorprendente es el síndrome de la clase turista. Contentos como estábamos de viajar en avión, de desplazarnos sin tener en cuenta las distancias, ahora resulta que aquellos viajes en tren, en tercera, eran mucho más saludables. Tan preocupante que el ministro del ramo, Álvarez Cascos, ha encargado un estudio al Centro de Información de Medicina Aeroespacial. ¡Mire que si se prohíbe volar! Vivimos más años que nunca, con más calidad, al menos aparente, de vida, más medios, más cultura, y sin embargo los europeos tenemos la sensación de sentirnos peor. Debe ser nuestro sino: el real síndrome de la angustia.