LA CARRERA HACIA LAS URNAS JUAN CARLOS MARTÍNEZ, jefe de sección de La Voz
03 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.-¿E sabe vostede onde vai falar Arnaz? -¿Arnaz, Arnaz...? -Si, home. Trouxéronnos de Ourense no autobús para escoitar a Arnaz, pero eu despisteime... -¡Ah, si, Arnaz. Pois non lle sei, pero pregunte aí, no Hostal. La plaza del Obradoiro brilla bajo el mismo cielo gris de tantas otras mañanas compostelanas. De los autobuses que llegan a la estación, o a la extraña pérgola de Juan XXIII, baja una mayoría absoluta que, como es de rigor, admira boquiabierta la fachada de la catedral, los uniformes rojos de los porteros del Hostal y la animación de la ciudad vieja. Y pregunta por Arnaz. Era más fácil preguntar por Fraga, nombre grabado ya de forma indeleble en la historia de Galicia y en la memoria de este paisanaje que en los momentos claves aparece en autobús; la hermosa historia de los taxis de Verdún tiene su versión gallega: Galicia se salvaría de la catástrofe haciendo acudir al frente decenas, cientos de autobuses. Aznar-Arnaz alude en su discurso de aclamación del candidato Fraga al liderazgo firme y claro del presidente de la Xunta, frente a otras opciones, la de los aventureros y la de los del cazo. Una muchedumbre de usuarios del transporte colectivo lo escucha, le aplaude, se aprende por fin (aunque no todos) su nombre. Pero Aznar-Arnaz, en un descuido imperdonable, no hace alusión al autobús, instrumento último de la cohesión gallega, cuyo dominio en las preferencias del poder autonómico, provincial y local debe ser la verdadera causa del atraso del ferrocarril, y no otras zarandajas. En esa Galicia que nadie conoce y que sólo se atisba en estadísticas y recuentos electorales, de cielos plomizos y esperanzas cortas, la luz viene de una parada de bus, un punto de encuentro con el mundo, como aquella (Bus stop) en la que Marilyn Monroe intentaba su segunda oportunidad. Con el tiempo llegará el AVE y en él nuestros hombres y mujeres emprendedores, nuestros estudiantes y nuestros aventureros saldrán al exterior disparados. Pero aún entonces habrá paradas de bus que recogerán muchedumbres para llevarlas a ver cómo pasa de largo, a 300 kilómetros por hora.