UNA OPCIÓN LEGÍTIMA

La Voz

OPINIÓN

JOSÉ ANTONIO PORTERO MOLINA

29 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

En 1987, el PP presentaba una moción de censura haciendo del entonces senador Hernández Mancha su candidato a la presidencia del Gobierno en sustitución de Felipe González. Era una moción para proporcionar notoriedad a quien, por carecer de la condición de diputado, no había podido intervenir en el debate sobre el Estado de la Nación en el Congreso, y era un recién llegado a la política española. La moción, obviamente, no tuvo éxito, y Hernández Mancha, después, tampoco. No recuerdo si aquella moción fue tachada de fraude de ley por el presidente del Gobierno censurado, como el presidente de la Xunta acaba de hacerlo con la presentada por el BNG. La moción de censura es un instrumento legítimo para exigir la responsabilidad política al gobierno, y no debería provocar tales descalificaciones de quien no es un modesto columnista. Parece querer trasladarse a la opinión la idea de que ejercer la crítica al gobierno es una osadía inadmisible, tanta como actuar en fraude de ley. La moción de censura tiene dos finalidades. Una es derribar al gobierno y sustituirlo por otro, que no es este el caso, evidentemente. La otra es ofrecer a la oposición la oportunidad de someter a censura la política global del gobierno y de su presidente. Es la oportunidad de un debate con la máxima publicidad posible, y que vivifica el circuito democrático que conecta a los electores a través de los medios de comunicación, con los partidos, con el Parlamento y con el Gobierno. El resultado de la votación ya lo conocemos, pero no el alcance del debate. Y aunque lo supiéramos, habría que celebrar esta posibilidad que, entre tanto silencio, se ofrece a la política como debate, siempre más deseable que la habitual y ruidosa presencia de la política como manifestación de poder. Censurado y censurador son viejos actores con papeles muy conocidos. De un lado, el inmovilismo de una política que debería encontrar repuesto de ideas y energías; y de otro, la fuga hacia ningún sitio en forma de un nacionalismo que cuando resuelve en lo concreto, solo o en compañía de otros, asoma fuertes inercias a la imposición y a la exclusión.