ROBERTO L. BLANCO VALDÉS
20 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.¡Un batiburrillo! ¿Que qué es un batiburrillo? Según el Diccionario, una mezcla de cosas que no dicen bien unas con otras. Úsase más tratándose de guisados, añade la Real. «¡Ahí la dao!», como exclamaba Pepe Isbert en Bienvenido mister Marshall. Eso es hoy el discurso de la oposición al gobierno del PP: un caldosísimo guisado, en que se mezclan churras con merinas, es decir, vacas con uranio enriquecido, e inflación con submarinos. De tal discurso puede aquí, claro, quejarse todo el mundo, salvo el Gobierno del PP. Y es que si ya, en general, ninguno debiera rezongar por las críticas que recibe de quienes se le oponen, el de Aznar es el menos indicado para exigir lo que todos los gobernantes solicitan al estar en el machito y olvidan al pasar a ser oposición: responsabilidad y seriedad. ¿Cómo puede tener la cara dura de pedirlas quien fue, cuando así le convenía, el campeón de la demagogia opositora? ¿Cómo es posible que quien, desde que llegó a la presidencia, se ha apuntado todos los aciertos, mientras las cosas iban razonablemente bien, reclame ahora, cuando el rumbo se ha torcido, que nadie le atribuya los errores? Porque, vamos a ver. Es verdad que el Gobierno no es más culpable de que las vacas estén locas o de que nuestros soldados hayan podido contagiarse en los Balcanes de lo que lo son los restantes gobiernos europeos. Y es seguro que su responsabilidad en el descontrol de la inflación no es mayor, ni más pequeña, que lo fue la de González cuando los precios se pusieron por las nubes. Finalmente: ¿quién apostaría a que este último hubiera sido con Blair más exigente que lo ha sido el gran amigo que Bleeerr supuestamente tiene por aquí? Todo ello es cierto: tanto como que habría que haber visto al actual líder del PP echar espumarajos por la boca si quien gobernase en medio de tal guiso de problemas fuera González... o fuera Zapatero. Aznar se empeñó en su día en hacer un tipo de oposición (todo va mal) y después un tipo de gobierno (todo va bien) que le incapacitan ahora para reclamar más seriedad y para pretender no tener nada que ver con que los precios se hayan disparado, las vacas locas se hayan convertido en una auténtica catástrofe, la permanencia del Tireless en Gibraltar nos haya puesto en un ridículo mundial y las fuerzas armadas decidiesen no transmitir al ministro de Defensa información vital sobre los riesgos de sus operaciones.