RELEVO EN LA CASA BLANCA JAIME MEILÁN
19 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Estados Unidos se asoma hoy a la ventana de la incertidumbre. George Bush se convertirá en el 43 presidente de la nación. Las lujosas galas, las celebraciones festivas y los actos protocolarios coparán durante horas la actualidad. Pero cuando cesen los sones de la inauguración, a la primera potencia mundial no le quedará más remedio que mirar hacia adelante. Por primera vez en mucho tiempo el panorama se presenta estremecedoramente borroso. Nadie sabe cómo navegará la Administración Bush. No tanto porque sus responsables no tengan propósitos definidos, como porque su singladura está marcada por cartas aún sin descubrir. El inexperto ex-gobernador de Texas parte con una certeza: ha llegado al despacho oval cosechando menos votos que su rival en las urnas, el demócrata Al Gore. Nada semejante había ocurrido en el siglo que acabamos de abandonar. Pero además, su legitimidad puede recibir una estocada de consecuencias imprevisibles si en las semanas próximas resulta que ni siquiera obtuvo sufragios suficientes para alcanzar la Casa Blanca. La negra sombra de Florida aún planea sobre Washington. El recuento oficioso acometido por los medios de comunicación podría convertir a Bush en el primer bastardo político que gobierna el imperio americano. La resaca electoral parece haberse detenido brevemente. Los americanos se esmeran estos días en dar notas altas al presidente saliente -Bill Clinton se gradua con calificaciones comparables a las de los mismísimos Reagan o Eisenhower-, y en hacer pronósticos sobre su sucesor. El sondeo más reciente refleja que el 46% de la población confía en que las cosas mejoren durante el próximo cuatrienio. El 42% opina que el cambio será a peor. Además, una abrumadora mayoría de norteamericanos se manifestan seguros de que Bush sentará un buen ejemplo moral, utilizará con sabiduría la fuerza militar y evitará nuevos escándalos políticos. El optimismo del momento no oculta el temor a que las cuestiones sobre la legitimidad de su gobernante y la división del Legislativo degeneren en caos.