TIEMPO VARIABLE

La Voz

OPINIÓN

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS

15 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

No, no me refiero a este tiempo del demonio, que nos tiene machacados y que, al parecer, nos da sólo treguas trampa. Hablo de lo que ahora han venido a denominarse variables para la convocatoria de elecciones autonómicas. Un día leemos que el lehendakari maneja, entre otras, para decidir si convoca comicios en Euskadi, la variable gallega; y, otro, que la variable vasca no se le escapa al presidente de la Xunta a la hora de resolver cuándo votaremos los gallegos. Vista desde fuera, la política parece cosa portentosa, apta exclusivamente para individuos con habilidades propias del agente 007. La variable gallega, la variable vasca... ¡vaya usted a saber qué arcanos cobija ese críptico lenguaje! Pues nada de nada, queridísimo lector: ni arcanos, ni críptico, ni gaitas. La cosa resulta, como siempre con estos políticos de nuestras desazones, muchísimo más simple: que Ibarretxe tendrá en cuenta cómo corran las apuestas en Galicia y Fraga cómo corran en Euskadi, pensando ambos, siempre, y sobre todo, en mejorar sus resultados. Ésta es la justificación de unas supuestas variables que, curiosamente, no lo son. O que no deberían serlo, por lo menos: pues aunque la forma de razonar de los presidentes autonómicos ha acabado por hacernos ver a todos que pueden llamarnos a votar cuando les pete, lo cierto es que tal cosa no es así: los presidentes disponen, en efecto, de una facultad disolutoria, pero no para utilizarla a su capricho, en función sólo de su interés electoral. Las cámaras se disuelven, si nada exige hacerlo de forma anticipada, cuando la legislatura ha transcurrido. Sólo cuando ello es imposible, porque el gobierno ha perdido su mayoría y no puede gobernar, es obligada la disolución anticipada. Así las cosas -pues así son según las normas-, Fraga, que dispone de la mayoría con que comenzó su actual período, sólo debería convocar elecciones cuando el mismo finalice: en octubre de este año. E Ibarretxe, que dejó hace mucho de contar con el apoyo de la Cámara, debería convocarlas de inmediato. Oír cómo nos dice que lo hará a lo largo de este año, antes o después del verano, resulta, en todo caso, altamente tranquilizador: demuestra, de forma incontestable, que el lehendakari sabe que, durante un año, todo se hace antes del verano y, si no, se hace después. ¡Qué sagacidad! ¡Qué finta tan sutil! En dos palabras: ¡Qué fineza!