UNA MUERTE DISCRETA

La Voz

OPINIÓN

ENRIQUE VÁZQUEZ

08 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Casi en silencio, sin retórica alguna y sin ceremonia particular, el proceso de paz israelo-palestino (versión Clinton) murió ayer: una fuente tan segura como Ahmed Korei dijo con sencillez que la Autoridad (Nacional) Palestina rechaza el plan Clinton porque no asegura al pueblo palestino sus derechos elementales... Korei, presidente del parlamento y estrechamente vinculado al proceso pacificador desde sus comienzos en Noruega, dio la clave del rechazo: el presidente no ha tomado en consideración las reservas (emitidas y argumentadas a Clinton por Arafat la semana pasada en Washington) y, por tanto, los célebres parámetros, aceptados por las partes como base de un arreglo final, no sirven. La discreción formal con que el edificio se hunde está a la altura de la baja de entusiasmo perceptible en los últimos días, coincidiendo, sin embargo, con una baja paralela de la violencia. La tendencia a la calma era un correlato de la evaporación del embrión de acuerdo en términos políticos. Los que importan. Sólo horas antes de los anuncios palestinos, un sondeo de la Universidad de Tel Aviv confirmaba lo sabido: dos de cada tres israelíes tampoco aceptan los parámetros si incluyen soberanía palestina en la explanada de las mezquitas, por no hablar de la proporción que rehusaría todo reconocimiento del derecho al retorno de los palestinos. Y, simultáneamente, en la parte palestina, el componente indispensable y fundador de la OLP, Al Fatah, el movimiento de Yassir Arafat, emitía a su vez un documento largo y contundente rechazando de plano el plan Clinton. Sólo una minoría en cada bando y el propio presidente, quien se extendió por vez primera al respecto ante un público judío en Nueva York el domingo, parecían defenderlo. ¿Y ahora qué? Podría ganar puntos la sugerencia de los restos del gobierno laborista leal a Barak, expresado por su ministro interino de Exteriores, Shlomo Ben Ami: que las partes hicieran una declaración de firmes intenciones que salvaguarde la negociación como mecanismo y deje un mínimo común denominador a la Administración Bush. Algo, en cualquier caso, mejor que las proposiciones de Ariel Sharon, probable primer ministro israelí el próximo mes, que parecerían angelicales si no fueran obra suya: los palestinos deben aceptar todas las colonias y renunciar al retorno y a cualquier porción de Jerusalén oriental. Inenarrable.