FÉLIX SORIA IM-PULSO
08 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Serán necesarios nueve aviones de carga del Ejército del Aire de Estados Unidos para transportar el material que Bill Clinton se llevará a casa. Más de 1,8 millones de fotografías, mapas, planos y filmaciones, y libros y carpetas que sumarán 76,8 millones de páginas. A 12 días de la toma de posesión de George W. Bush, el todavía presidente guarda en sitio seguro papeles potencialmente comprometedores y secretos inconfesables, amén de miles de papeles y objetos que serán puestos a disposición de estudiosos y ciudadanos en general. Serán, en total, unas 850 toneladas de información -de la que sólo un 5%, dicen, será reservada- que ayudarán a reescribir la más reciente historia del imperio. Entre los informes, vídeos, notas, fotografías, mapas, confesiones, casetes, cintas de ordenador y demás materiales hay datos precisos sobre el caso Lewinski, las acciones perpetradas por los servicios de inteligencia de EE UU en Afganistán, Perú o Indonesia y, con toda seguridad, informes que permitirían comprender por qué ha fracasado la iniciativa de paz en Oriente Medio. Pero ese fabuloso manantial no verterá detalles sustanciales sobre los contenidos de las reuniones que han mantenido Clinton, Barak y Arafat, o de las habidas entre cada uno de ellos con empresarios saudíes, con el sultán de Brunei -uno de los mejores aliados financieros de la OLP-, con altos cargos de multinacionales del petróleo, con los dirigentes de Turquía -implicados hasta las cejas en el conflicto arabe-israelí-, o con los ya conocidos sucesores de Muamar El Gadafi, acaso el más fiel amigo de los independentistas palestinos y que ya se ha resignado a ceder poder a los jóvenes (y aperturistas) leones del singular régimen libio. La esperanza de paz se muere y Clinton regresa a casa sin revelar las causas verdaderas. Sólo quedan doce días para que Clinton y los demás protagonistas pacten y difundan las excusas.