IGUAL, PERO MUY DISTINTO

La Voz

OPINIÓN

XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS

29 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

La primera impresión es que, aunque sea al revés, la historia se repite, y que aquella prodigiosa Argentina, que acogió a cientos de miles de gallegos que huían de la miseria o de las cárceles franquistas, desangra ahora su eterna crisis por la vía de la emigración. En tales circunstancias resulta lógico que las mismas ideas que animaron a los gallegos a cruzar el Atlántico -desarrollo económico e identidad de lengua, historia y cultura- animen ahora a los argentinos a plantear su emigración como un simple regreso, que los estrechos lazos de sangren convierten en algo dramaticamente exacto: se fueron los abuelos porque aquí no tenían horizontes, y regresan los nietos porque allí carecen de futuro. Pero eso, ya lo dijimos, es sólo la primera impresión. Porque la realidad es que casi todo ha cambiado, que ni aquí ni allí somos iguales, y que estamos en un momento mucho más propicio para la demagogia y la caridad que para devolverles el inmenso favor que les debemos. Galicia no es un país independiente que determina de forma bilateral los convenios de emigración, el reconocimiento de nacionalidad y las cuotas de acogida. Bien al contrario, nuestras políticas migratorias tienen ahora una fuerte dependencia de los acuerdos de Schengen, que nos constituyen en frontera de la Unión Europea y pasan a un segundo lugar el ideal de comunidad iberoamericana que tantas veces hemos invocado a nuestro favor. Tampoco es Galicia un país enorme, abierto y en construcción, donde las avalanchas de emigrantes se diluyen como el agua en el desierto. Y aunque es verdad que vivimos en una de las zonas ricas del mundo, tampoco tenemos una dinámica regional que nos permita absorber notables contingentes de trabajo. Tercero, que los emigrantes de ahora ya no son como los de antes, y que -gracias a Dios y al progreso- lejos de viajar con mentalidad de pioneros, dispuestos a asumir cualquier cosa, lo hacen pensando en los subsidios, la jubilación, la escuela de los niños y la medicina gratuita. Y eso condiciona seriamente todo el proceso. Cuarto, que no sería bueno, ni útil, ni justo, plantear una política migratoria étnico-cultural, que distinguiese a los gallegos de los que no lo son y discriminase a los argentinos con apellidos españoles, italianos o alemanes. Por eso hay que andar con pies de plomo. Porque lo que aquí se ve como generosa ayuda, puede resultar allí una pura demagogia.