NEGOCIACIONES DE PAZ EN ORIENTE MEDIO ENRIQUE CURIEL, profesor de Ciencia Política en la Complutense
28 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.De nuevo Ariel Sharon ha vencido sin moverse. La nueva cumbre entre Barak y Arafat bajo el patrocinio de Clinton ha fracasado. Parecería que desde la visita de Sharon a la Explanada de las Mezquitas el pasado 28 de septiembre, el suelo de Palestina se ha hundido bajo los pies de todos aquéllos que han trabajado por la consecución de un principio de paz. Aquella calculada provocación significó el inicio de la nueva Intifada que ha costado la vida a más de trescientos jóvenes palestinos y a varias decenas de ciudadanos israelíes. Los objetivos, que ahora se perciben con claridad, consistían en desestabilizar el gobierno de Barak, erosionar la autoridad de Arafat entre los suyos, bloquear cualquier avance en las negociaciones de paz, favorecer indirectamente la campaña de Bush y preparar el regreso al poder imponiendo unas elecciones en Israel en un clima de guerra total. Barak ha intentado llegar a un acuerdo con Arafat que le hubiera permitido transformar las elecciones en una suerte de plebiscito para que los israelíes se pronunciaran sobre el contenido de los acuerdos. Pero el Likud no permaneció inactivo y en cuanto se conoció el plan de Clinton se movilizaron los judíos ultraortodoxos y los colonos para impedirlo. Parece que los derechistas del Likud han ganado la partida. Si no se produce algún milagro en las próximas semanas, el líder ultraconservador volverá al poder y con Bush en la Casa Blanca las esperanzas de paz se alejarán indefinidamente. Quizá en las próximas semanas asistamos a un nuevo intento. Imposible ceder El punto de partida no es malo. La cuestión de Jerusalén y el problema de los refugiados constituyen el núcleo del problema. Arafat no puede ceder. Especialmente en lo que se refiere a los refugiados. Casi cuatro millones de palestinos fueron expulsados de sus tierras y casas en 1948 y en 1967 y se consumen en los campos de refugiados de forma indigna. Arafat pide, una y otra vez, el cumplimiento de la legalidad, es decir, de las Resoluciones de Naciones Unidas que Israel, con el apoyo de EE UU, pretende desconocer. Quizá, Arafat debería reflexionar sobre dos realidades. O ayuda a Barak a ganar las elecciones o Sharon significará mas guerra. Además el acuerdo propuesto por Clinton puede ser el principio y no el final de las negociaciones. Bush no será mas comprensivo.