EL CAMBIO SOCIAL Un repaso por el siglo XX muestra como ha sido un período de intenso y acelerado cambio social y tecnológico. Según la autora del presente artículo, nunca antes en la historia de la humanidad se había asistido a mutaciones sociales, económicas y tecnológicas tan profundas ni de consecuencias tan trascendentes. Pero en Galicia perviven hábitos anteriores al cambio. Combinar la modernidad con las señas de identidad procedentes de ese mundo sería una buena forma de mantener estructurada esta sociedad.
26 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Decir que el siglo XX ha sido el de las ideologías, de las revoluciones tecnológicas, de la expansión planetaria del capitalismo, de la vida urbana, de las clases medias, de la liberación de las mujeres, de las telecomunicaciones, del consumo de masas y el ocio enlatado, de la extensión de la educación, de la transición demográfica y los cambios familiares... es resumir una larga e inacabada lista de fenómenos que sólo definirían parcialmente lo acaecido en los últimos cien años. Estos cambios han sido de naturaleza estructural y con diferencias de intensidad han afectado prácticamente a todas las sociedades contemporáneas (sobre todo del llamado mundo desarrollado). Pero no siempre los procesos de modernización han acabado con las formas de vida y estructuras sociales anteriores al cambio. Galicia es un buen ejemplo de esa convivencia, ya que se encuentra inmersa en procesos de cambio y desarrollo propios del entorno (terciarización de la economía, urbanización acelerada) al tiempo que presenta fórmulas de organización socioeconómica precapitalistas. En general, la estructura social y productiva, los estilos de vida de gallegos y gallegas, se asemejan a los de sus vecinos. No obstante, la pervivencia de formas de vida definidas por la vida en el campo y la economía agraria, y la cercanía temporal de esa estructura social explica que nuestra sociedad conserve la memoria de generaciones socializadas en un mundo muy distinto al actual. En apenas dos generaciones hemos visto cambiar radicalmente las formas de vida, al pasar de una economía agraria a una economía post-industrial, del trabajo agrario al industrial y, principalmente, en el sector servicios; la evolución de la familia desde la familia extensa (convivencia en un mismo hogar de varias generaciones) a la familia nuclear, con una redefinición de los roles de padres-madres e hijos; el cambio del hábitat, con el paso de la vida en el campo a la vida en la ciudad. Bien es cierto que tales transformaciones han tenido también efectos negativos, como desequilibrios territoriales muy significativos. En un contexto definido por la mundialización e integración de la economía y una cierta homogeneidad de los modelos culturales, lo más probable es que las formas de vida previas al proceso de modernización sean cada vez más residuales. Ante este escenario, es preciso reflexionar sobre los elementos que pueden proporcionar identidad a las generaciones futuras al tiempo que lograr un grado significativo de estructuración social, de acompasamiento entre lo antiguo y lo nuevo. A pesar de Internet, los teléfonos móviles, los valores tecnológicos, la fusión de multinacionales o las comunicaciones en tiempo real, lo cierto es que el viaje que describe Homero y que recrea Kubrick en el ya inmediato 2001 continúa de actualidad para las generaciones presentes. Ya sea en la Antigua Grecia o en el espacio, el mito de la Odisea como viaje de la vida, como un futuro abierto y esperanzador, sigue vivo. Feliz milenio.