TERNERA CUERDA

La Voz

OPINIÓN

MANUEL LUIS CASALDERREY

21 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

Fue una premonición. En el debate (La Voz, 22 noviembre) ¿Se comería un filete de vaca francesa?, el corresponsal en España de France Soir decía: «Según los expertos, las vacas españolas tienen el mismo riesgo que las francesas. Aquí no han surgido casos por que no se hace todavía el número de controles necesarios». Al día siguiente, la noticia era primera página: «Aparece en Galicia el primer caso español de vacas locas». Lo importante y tranquilizador es que se detectó la encelopatía espongiforme antes de que la carne de la vaca llegase al mercado. Y esa es la línea fundamental a seguir. Es necesaria una inspección, rigurosa y sistemática, que no baje la guardia ni un minuto. Hay que afrontar la realidad sea cual sea. No puede haber la más mínima sospecha de que se está ocultando información. Alguien sugería que no se debió airear ese único caso. Yo creo que sí. Y se debe informar de otros que puedan surgir. Hay que hacer las cosas seriamente si se quiere ganar la confianza de los consumidores y encauzar el problema para que el consumo de carne de ternera vuelva a la normalidad. Si es necesario restar presupuestos a los fastos del nuevo milenio, hágase, porque la salud todavía es un bien más preciado que la cultura. Con la aparición del mal en Gran Bretaña ha quedado claro que la transmisión se produce por los piensos fabricados con restos de animales. Cuando las vísceras de los corderos, incluidas las de los que padecían la tembladera, se convirtieron en piensos, las vacas se infectaron de una enfermedad nueva, causada por una pequeña proteína, un prión, al contrario que las demás que se transmiten por bacterias, virus y hongos. Esa podría ser la razón por la cual atraviesa las barreras de las especies: de los corderos a las vacas y de éstas a los seres humanos. Por eso me preocupa la afirmación de un ganadero: «Es un hipócrita el que diga que no se da pienso a un animal» (La Voz, 26 de noviembre). No se puede jugar con fuego. Si ese ganadero es sabedor de que los piensos de origen animal acaban en los comederos de vacas y terneras, debería de dejar el corporativismo de lado y denunciar a todos los que incumplan las normas, incluido él mismo. Pasó antes con las hormonas, el clenbuterol, los antibióticos. Pretender engordar el ganado en el menor tiempo posible, alimentando a un herbívoro como si fuese un carnívoro, es una barbaridad. Den tiempo al tiempo, porque la avaricia rompe el saco y puede matar a la ternera de los filetes de oro. Alimenten a su ganado de forma correcta y si saben de alguien que incumpla las normas, denúncienlo sin contemplaciones. Es el futuro de todos. Deseo que el primer hijo de mi hija mayor, nacido hace unos días, pueda disfrutar de la ternera gallega cuando sus dientes se lo permitan.