ANDRÉS ABERASTURI
21 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Siempre es una dramática coincidencia, pero cada vez que hay declaraciones polémicas de alguien, ETA mata. Ayer no se sabía a qué pagina mirar: por una parte monseñor Setién se reafirma en su idea de que hay que negociar incluso con los que matan y por otra asistíamos a un nuevo asesinato, cruel y absurdo como todos, de la banda terrorista. Setién, nos guste o no, confunde las cosas y nos arrastra a esa confusión a todos. Se confunde el obispo desde el momento en que pone en un plano de igualdad a los terroristas y al estado de Derecho y así llega a decir que si el diálogo no prospera es porque ninguna de las dos partes está dispuesta a renunciar a planteamientos previos. Pero es falso desde el principio: aquí no hay dos partes en conflicto, aquí sólo hay una banda terrorista que mata inocentes y un Estado que persigue a quien mata. Y refuerza sus argumentos el obispo señalando el derecho a la autodeterminación de los pueblos; nadie lo pone en duda. El problema que no matiza Setién es el mismo de antes: si ese derecho reconocido justifica el asesinato de un fontanero, un político o un guardia municipal. El tiro en la nuca deslegitima cualquier fin, ¿o no, señor Setién?. En otras palabras: este estado de Derecho asume sin mayores problemas al PNV, a EA, incluso a EH/HB. Ahí están formando parte de las instituciones o abandonándolas libremente. Lo que no puede admitir es, insisto, el tiro en la nuca. Y negociar con pistolas en la mesa sería quebrar el derecho de todos frente a la violencia. Y a pesar de todo se ha hecho dos veces. Ninguna de las dos sirvió para nada.