NACIONALISMOS Y ACUERDOS ENRIQUE CURIEL, profesor de Ciencia Política
16 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.El pacto entre el Partido Popular y el PSOE no debe de ser el punto de llegada, sino el punto de partida de una política de alianzas operativa e inteligente que permita aislar a ETA y a su núcleo más duro, recuperar el consenso antiterrorista y alentar a una sociedad atenazada que pide, una y otra vez, diálogo y soluciones. No tendría sentido que no fuéramos capaces de construir un bloque por la paz, similar al menos, al amplio espectro político que sustentó los pactos de Madrid y Ajuria Enea. Si no logramos ahora superar las legítimas diferencias que también existían en 1986 y 1987 y recuperar el consenso contra la violencia, estaríamos enviándole a ETA la inquietante señal de que los demócratas somos más débiles que en aquella ocasión. Por ello, el PP y el PSOE deben de abrir la posibilidad cierta de que CiU, Izquierda Unida, el PNV, BNG y cuantas fuerzas lo deseen, puedan sumarse al Acuerdo suscrito. Tengo para mí que los españoles no quieren entrar en las sutilezas y los conflictos incomprensibles que se suscitan a la hora de acordar el texto de una pancarta o la composición de la presidencia de una manifestación. Por ello, el pacto tiene sus luces y sus sombras. Los firmantes y todos nosotros corremos el riesgo de que se convierta en papel mojado con nuevos atentados si no es el principio de una operación más amplia en las próximas semanas. Esa es la responsabilidad de Aznar y Zapatero. Debemos de aprender de la experiencia pasada. No es posible que cada partido o Gobierno crea disponer, cada cuatro o cinco años, de una solución taumatúrgica al margen de la experiencia colectiva que ya dura veinticinco años en defensa de la libertad y la Constitución frente a la violencia y el terror. Significaría una suerte de volver a empezar, de la apertura de ciclos completos para llegar al mismo lugar que sólo beneficia a ETA. No ignoro que las dificultades para avanzar y ampliar el Pacto serán notables. Y todos tienen que hacer un esfuerzo, de forma simultánea, porque lo que nos jugamos es demasiado importante. Es cierto que ahora el Pacto de Lizarra modifica la situación. Pero mas allá de las necesidades del PNV para penetrar electoralmente en el mundo de Euskal Herritarrok, el pacto de Lizarra está muerto. Como han dicho representantes del PNV en Barcelona, con las muertes de Lluch y de Francisco Cano, ETA lo ha rematado. CiU, PNV, BNG e Izquierda Unida, deben de sumarse y, los autores, facilitar su incorporación.