«LASCIATE OGNE SPRANZA...»

La Voz

OPINIÓN

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS

13 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

El titular con que este periódico resumía el sábado pasado el contenido sustancial del pacto antiterrorista que el PSOE y el PP acaban de cerrar no podía ser más acertado: «ETA debe perder toda esperanza». Así se recoge en el documento de consenso al que han llegado los dos grandes partidos estatales tras una negociación que supone un punto de partida que nadie en su sano juicio se atrevería a discutir. Es cierto que el pacto habrá ahora de ampliarse, pero lo es también que sus firmantes representan a la inmensa mayoría de la opinión pública española: la que está detrás del 79% de los votantes en las elecciones generales. ETA debe perder toda esperanza: en efecto, esa es la idea-fuerza con que enfrentarse al reto inmenso que para el sistema constitucional supone el intolerable chantaje de las armas. Pues es la esperanza de que el crimen puede acabar por doblegar al Estado democrático la que ha mantenido viva a ETA y a su vastísima red de beneficiarios y compinches. El silogismo resulta tan escandalosamente transparente que parece inconcebible que haya aun quien se niegue a reconocer una evidencia derivada de la lógica más elemental: si una banda terrorista llega a persuadirse de que, antes o después, sus adversarios -por estupidez, cansancio o cobardía- cederán, la cuestión consiste únicamente en mantener el chantaje sin desmayo. De hecho, sólo cuando los terroristas adquieren la certeza plena y absoluta de que la violencia no hará cambiar la posición de los destinatarios de la misma, puede comenzar a invertirse su lógica letal -«cuantos más crímenes, más cerca estará nuestro objetivo»- y surgir otra en su lugar, en que las armas dejan de ser un instrumento objetivamente útil para los fines que los criminales dicen perseguir: por eso no existe nada más dañino en la lucha contra la violencia organizada que el discurso de que hay que dialogar con los violentos. Porque ese discurso llega a persuadir a los violentos de que la aceptación final de ese diálogo depende sólo de su capacidad para matar. Frente a esa lógica suicida e indecente, los jóvenes que tengan la tentación de unirse a ETA debieran tener claro desde ahora, y para siempre, que en las puertas de la banda, la democracia ha dejado escrito, al fin, el mismo mensaje que según Dante Alighieri figuraba en las puertas del infierno: «Lasciate ogne spranza, voi ch''intrate» («Los que entréis, abandonad toda esperanza»).