GALICIA NO PUEDE CONFIARSE

La Voz

OPINIÓN

ABEL LOSADA

12 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

A las puertas del tercer milenio, es un lugar común plantear la necesidad de abordar los nuevos retos a los que los gallegos nos enfrentamos como sociedad. De ahí nacen iniciativas como la institucional Galicia 2010 y como el socialdemócrata Foro Siglo XXI. Los dispositivos de comunicación han acelerado el proceso de desplazamiento de fronteras físicas, mentales y culturales. Este ideal de progreso tecnológico es verdad que por un lado va a permitir a muchas zonas del planeta competir en una igualdad de condiciones desconocida hasta ahora. Pero también es verdad que la exclusión en este proceso de homogeneización técnica y económica internacional, no sólo individual, sino también colectiva, constituye una amenaza real. Galicia no puede confiarse. Siguiendo las palabras de Ramón Piñeiro, esta preocupación por un futuro mejor se materializa en dos actitudes diferentes: por un lado, la de aquellos que parten de la realidad presente y desde ella quieren encaminarse hacia un futuro mejor; y por otro lado, los que parten de un futuro ideal prefijado al que la realidad presente debe de supeditarse. Parece claro hoy en día la necesidad de centrar nuestra atención preferente como sociedad a favor de los hechos frente a las especulaciones. Resulta fundamental la constancia con que nos enfrentamos (insisto: como sociedad, por encima de avatares políticos que la Historia demuestra que siempre son coyunturales) a los problemas y los obstáculos, y la creatividad e imaginación con las que saber encontrar nuevos caminos y nuevas respuestas. Pero, ¿para qué? No sólo se trata de avanzar en la línea del diagnóstico, sin duda necesario, sino también en pensar en los ciudadanos, especialmente si apostamos (como hacemos algunos) por una ciudadanía madura y responsable en su toma de decisiones. Una vez obtenido ese diagnóstico, se hace necesario el tratamiento: medidas encaminadas a la justicia social, la redistribución, la preocupación por aquellos que permanezcan al margen del desarrollo y la bonanza, que no nos engañemos por los cantos de sirena actuales, los hay y los seguirá habiendo. De ahí el mérito y el valor del Galicia 2010 y del Foro Siglo XXI. Son eso, foros, lugares de encuentro de personas de distintas percepciones políticas pero con un grado de sensibilidad homologable. Y es que todos sabíamos que estábamos trabajando con ilusión para un futuro que se nos echa encima.