GALICIA ANTE EL NUEVO MILENIO URBANISMO José Manuel Rey Pichel, arquitecto Las ciudades están ejerciendo ya un papel de liderazgo en las comunidades donde se insertan. Las urbes gallegas no son ajenas a esa tendencia. El autor del artículo, tras repasar el origen de las ciudades, señala que la concepción tradicional del hábitat ya no sirve para el mundo más flexible e intercomunicado que promete el nuevo siglo. La urbe concentra proyectos públicos y privados de muy diverso carácter, por lo que propone intensificar el planeamiento urbanístico y que éste sea participativo y democrático.
09 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Las ciudades, a lo largo de la historia, siempre han surgido por unas razones determinadas y en el sitio adecuado. Se forman donde hay posibilidad de comunicación, donde hay agua y condiciones para el mercado, para el encuentro y la oportunidad, para la cultura y el arte y las religiones. La ciudad hay que respetarla y amarla. Tiene muchos valores; tiene la posibilidad de generar diversas y complejas economías de escala que producen tejido urbano, cultura y otras cosas. Y tiene la grandeza o la virtud de producir ese espacio ciudadano donde se debe respirar y transpirar tolerancia y libertad. La ciudad hay que conocerla y cuidarla. Sus transformaciones lentas pero constantes deben inducirnos, cuando menos, a la prevención y al análisis. En este final de siglo creo que hemos visto la caída de los grandes mitos generados durante el período de la Ilustración, que estructuraron las bases del pensamiento decimonónico y constituyeron o conformaron los escenarios y orígenes de las convulsiones de la primera mitad del siglo XX. La disolución del gran discurso, del concepto de razón, de verdad, de clase o de otros muchos es hoy fácilmente comprobable, por ejemplo, en el campo de la política, del arte y hasta, por qué no, en el campo arquitectónico. El cambio de conceptos que desde lo vertical, lo sistemático, lo homogéneo o lo continuo se ha producido hacia lo horizontal, lo casual, lo diverso o lo discontinuo, que en múltiples manifestaciones y dimensiones de la vida social es comprobado y experimentado, confirma las tendencias a definir un nuevo fenómeno y establecer nuevos cimientos disciplinarios para fundamentarlo. Así, por ejemplo, en el campo de la economía, ha habido una auténtica revolución de los sistemas tradicionales. De la empresa de corte industrial unida a las grandes cadenas de producción, con estabilidad social y laboral, con apoyos estatales, se ha pasado a un sistema donde rige la flexibilidad. ¿Y qué pasará mañana en la ciudad y en concreto con las ciudades de Galicia? El término ciudad va perdiendo poco a poco su significado tradicional, porque cualitativa y cuantitativamente cada vez es más complejo definirla. Ya no se identifican sistemas claros de carácter social, funcional o morfológico. Y, por otra parte, se están reflejando en ellas tal mezcla de proyectos espaciales heterogéneos, expresión de diversas iniciativas públicas, privadas y mixtas que en ellas confluyen. Por ello debemos cuidar especialmente el planeamiento. La planificación estratégica de esa ciudad que queremos como lugar de tolerancia y espacio culto de diversidad y de libertad, debe ser una planificación participativa y comunicativa, contando con los aspectos científicos más enriquecedores del planeamiento tradicional, y por supuesto más compleja. Como más compleja será la sociedad del futuro, pero que introduce y profundiza en procedimientos más abiertos, más transparentes y por lo tanto más democráticos.