TOQUE DE SILENCIO

La Voz

OPINIÓN

RICARDO MARTÍN

01 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

Desde que a comienzos de 1998 se dio a conocer el caso protagonizado por la cabo Ana Santos y el ahora teniente coronel Sanmartín, la opinión pública recibió una aplastante batería de mensajes de solidaridad, apoyo y credibilidad hacia la versión de la mujer frente a contadas justificaciones oficiales de los portavoces autorizados del Ministerio de Defensa. El propio comandante implicado eludió cualquier aclaración y en la Brilat pontevedresa continuó la vida castrense (al menos así se transmitió hacia el exterior) como si el contencioso planteado por Ana Santos se tratara de una asonada de tan escasa envergadura armamentística que la indiferencia era, sin duda, la mejor y única respuesta posible. El entonces ministro del ramo cumplió con el trámite de salvaguardar el incuestionable honor del cuerpo ante el Senado y cuestionó la veracidad de los argumentos de la cabo, aludiendo a la supuesta existencia de otros informes, y no sólo el del comandante, que realmente nunca se llegaron a ver. Y el estamento militar mantuvo silencio ante el clamor femenino, alimentado además por alguna otra mujer soldado y su particular historia. La Justicia, tres años después de que Ana María Santos abandonara la Brilat, se ha pronunciado con contundencia en favor de la cabo y ha abierto una duda sobre aquel silencio, sobre si en su nacimiento pesó más la tradicional relación entre esta postura callada y el acatamiento de la superioridad, o si realmente respondió a un acto de defensa por parte del comandante y de ese arraigado corporativismo que también se denomina peyorativamente compañerismo. Quizás con una postura más abierta se hubiera evitado, o mitigado, el efecto producido por la resolución dictada por el Tribunal Superior de Xustiza, pues una decisión puntual sobre unos hechos salpica ahora sin excepción a toda una institución y anima a evocar historias de la mili, lastimosas al menos para quien las escucha. Y si las Fuerzas Armadas han cambiado, como sus viajes al exterior parecen evidenciar, posiblemente deberían aplicar un zafarrancho interno, al menos frente a determinadas mentalidades.