ROBERTO L. BLANCO VALDÉS
17 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Escandalizarse con las declaraciones que Arzalluz va desparramando por ahí sería como hacerlo con el frío del invierno: una estupidez. Ahora ha confesado a Der Spiegel que en una futura Euskadi independiente los españoles serían tratados «como se trata hoy a los alemanes en Mallorca». ¿O ha dicho como a los mallorquines en Berlín? Son tantas las cosas que Don Xavier afirma semana tras semana, y son casi todas tan indecorosas, cuando no tan indecentes, que es muy costoso seguir sus disparates. Pero, ¡ojo!, el gran mogol del aranismo disparata desde la más estricta coherencia. No, claro, desde la coherencia civil y democrática consistente en construir cualquier discurso nacional sobre la libre decisión del cuerpo electoral periódicamente expresada en elecciones, sino desde la de quien está plenamente persuadido de que la nación precede a quienes la componen. Y es que, según Don Xavier, el País Vasco no es la suma de todos y cada uno de los ciudadanos que viven en Guipúzcoa, Álava y Vizcaya, sino un ente ideal imaginario que debería estar formado nada más por los fieles creyentes de una causa que, como todas las causas despreciables, se fortalece al depurarse. ¿Cogen ahora la coherencia de su último exabrupto? ¿Quiénes serían en esa futura Euskadi independiente, que presagia el gran mogol, los españoles? Es muy sencillo: los que por no sentirse sólo vascos _o, en todo caso, más vascos que españoles_ decidiesen no optar por la nacionalidad de la nueva nación vasca. Es decir, según los sondeos más solventes, mucho más de la mitad del censo de la Euskadi realmente existente en el 2000. Pues bien, esos vascos _todos los que no son partidarios de una Euskadi independiente_ no podrían votar en las elecciones autónomicas. ¡Así cualquiera, que decíamos de niños! ¿Como podrían los independentistas vascos perder las elecciones, si se dispone legalmente que en tales elecciones solo podrán votar los independentistas? Es todo tan burdo, tan obsceno, tan cansino, que ya no vale argumentar. Muy por el contrario, es tiempo sólo de exigir al PNV que se presente ¡de una vez! a los próximos comicios aclarando a los electores alaveses, guipuzcoanos y vizcaínos que votar al PNV es hacerlo a favor de una Euskadi independiente en la que los vascos que quisieran seguir siendo, al mismo tiempo que vascos, españoles, no podrían votar en elecciones. ¡A ver qué pasa!