CARRERA HACIA LA CASA BLANCA JOAQUÍN ROY, catedrático de la Universidad de Miami
08 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.El escamoteo de los votos para Ralph Nader, la parcial traición de los jubilados y la tozudez de los cubanos para apoyar a los republicanos han sido algunas de las claves de la contribución del Estado de la Florida al histórico y casi matemático empate en las elecciones presidenciales norteamericanas. Si el recuento de los votos de media docena de estados en el oeste o en el sur se hubiera resuelto de otra forma, el papel crucial de la Florida sería una anécdota. Pero la retirada del anuncio de la prematura victoria de Gore relativizó el cantado triunfo demócrata en California. El empate y el recuento colocan a la Florida en objeto de análisis microscópico, paradójicamente por haberse convertido en paradigma de las tablas por partida doble _como estado y como clave federal_, lo cual ha sorprendido a más de un analista, por razones diferentes. A la generación del empate y el escamoteo del claro triunfo republicano en un estado gobernado por Jeb Bush, hermano del candidato, han contribuido algunos factores. Destaca la inclusión demócrata como vicepresidente en la candidatura de Gore de Joseph Liberman, un judío ortodoxo, para equilibrar los escándalos personales de la administración del presidente Bill Clinton, y, naturalmente, para garantizar el favor de la notable población judía que reside en el sur de la Florida. No puede decirse que Bush tampoco haya conseguido en este estado el apoyo de las minorías _especialmente de los de raza negra_, desconfiadas de su conservadurismo compasivo. Ahora bien, Gore ha sufrido el desdén de una parte de la población floridana por antonomasia. Parece que se ha producido una traición parcial de los jubilados que se esperaba votaran masivamente por el demócrata. Los mayores de 50 años se han dividido entre los dos partidos. Además, la alta participación electoral _más del 75%_ en los condados del sur no se ha traducido en un aumento del apoyo hacia los demócratas, castigados tradicionalmente por la abstención. Mientras el ultraderechista Patrick Buchanan ha desaparecido del mapa político, el verde Ralph Nader aspira ya a recibir fondos federales. Aunque no logró arañar el 10% de los votos de Alaska, ni el 5% de Minnesota, en la Florida recibió el 2%, a costa de Al Gore, lo que al final puede costarle a este último las elecciones. Para contrarrestar el desastre del caso Elián, que dejó aislado al núcleo duro del exilio cubano, castigó más que de costumbre a la administración demócrata, a pesar de que han sido históricamente los políticos de ese partido los que han conseguido la aprobación de leyes favorables a los programas sociales de reinserción de los refugiados.