FRAGA SE EQUIVOCA

La Voz

OPINIÓN

ENRIQUE CURIEL

03 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

Fraga no debería hacer estas cosas. La suspensión de la cena prevista con el lehendakari Ibarretxe durante su visita a Galicia deja de ser una trifulca protocolaria para convertirse en un incidente político grave y en un doble error de Manuel Fraga. Error como presidente de la Xunta, al confundir su función institucional como presidente de todos los gallegos con su función partidaria como máximo dirigente del PP, al actuar con hostilidad manifiesta hacia el presidente de otra comunidad autónoma. Y error político, porque más temprano que tarde será necesario poner fin a este duelo al sol que mantienen el PNV y el PP, y que nada bueno puede significar para el futuro de un País Vasco sometido a la doble pesadilla de terror y de división de las fuerzas políticas democráticas. El cerco al PNV sólo beneficia a ETA y a sus amigos. Y cuando esta evidencia se comprenda, serán necesarios líderes solventes, que generen confianza en las diversas zonas del conflicto y con capacidad de diálogo para enfrentarnos a ETA con alguna garantía de éxito. Ni Galicia se merece este gesto desde la Xunta, ni Fraga debería olvidar su proyección política. Porque Fraga conoce la complejidad del problema vasco. Y si alguien domina los entresijos de la transición democrática, sus contradicciones y dificultades, sólo superadas por el continuo ejercicio del consenso y del acuerdo, es él. Nadie puede negarle al presidente del PP de Galicia su contribución para que una parte significativa de los sectores que procedían del franquismo aceptaran la realidad de la España democrática. Nadie discute el derecho que le asiste a Manuel Fraga a expresar su opinión sobre la actuación del Gobierno vasco. Pero es necesario que elija cuidadosamente el escenario y las palabras para no echar más leña al fuego que nos está abrasando. Debemos apoyar al Gobierno por ser el responsable de dirigir a las Fuerzas de Seguridad del Estado. Pero Aznar no debe confundir este apoyo institucional con la complacencia hacia la estrategia del PP en Euskadi. Situar al PNV definitivamente en el otro lado, ni responde a la realidad, ni ayuda a resolver el desconcierto policial, ni calma la angustia de los miembros de la Judicatura. Arzalluz erró al suscribir el pacto de Lizarra. Podemos hacer dos cosas: atarle de pies y manos al lado de Otegi, o restaurar compromisos ineludibles para enfrentarnos a una crisis de Estado. Todos tenemos algo que hacer, y Fraga también.