JAVIER ARMESTO
31 oct 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Qué, ¿cuántos votos más crees que ha conseguido hoy el PP, eh?». Esta es la pregunta que me hicieron ayer varias personas tras conocer el último atentado de ETA. Reducir a una cuestión electoral la muerte de tres seres humanos es ciertamente triste, pero indica claramente hasta qué punto la barbarie etarra se ha convertido en una rutina y qué grado de desunión existe entre los que, teóricamente, estamos del lado de la democracia. Con las de ayer son ya 19 la víctimas mortales de la banda terrorista desde que concluyó la tregua. Los asesinos han recuperado el tiempo perdido y se han cobrado los muertos de este año, más los que se dejaron el año pasado. Se ve que tenían ganas de volver al trabajo. Cuando aún iba al colegio, a principios de los 80, se produjo una de las escaladas terroristas más duras de toda la historia. Cien muertos en un solo año. Recuerdo que volvía de clase y preguntaba: «¿A quién han matado hoy?». Era una pregunta inocente, infantil, de quien no es consciente todavía de lo que significa la pérdida de una vida. Pues bien, han pasado veinte años y la situación sigue siendo la misma. Ni un solo avance. Y lo peor es que, para mucha gente, lo único importante es saber quién es el muerto del día. Pero eso es un problema ético. Allá cada cual. En cambio, la división política alcanza a toda la sociedad. De nuevo, tras un atentado se suceden las mismas muestras de condena, las condolencias, el rechazo y las manifestaciones y concentraciones por la paz. ¿De qué sirven? De nada, porque pasado mañana, cuando el muerto del día esté enterrado _sobre todo en la memoria colectiva_, no se sabrá si algunos están con ETA o contra ETA. Unos tenderán la mano a Euskal Herritarrok, otros cuestionarán las medidas antiterroristas del Gobierno _son tan jóvenes estos chicos_, habrá incluso quien pida que la Justicia no sea tan dura... Cuestionarán la actuación de Aznar y Mayor Oreja, y cuando un miembro de ETA sea detenido dirán que la «vía policial» no es la solución. Como si hubiese una solución.