SACERDOCIO Y CELIBATO JORGE CASANOVA, redactor de La Voz
21 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h._Oye, ¿a tí te parece bien que los curas se casen? _Bueno. Si se quieren... El viejo chiste no pretende ser irrespetuoso, sino sólo dar la medida de uno de esos misterios insondables para quienes no comprendemos ni la iglesia ni la religión. Ni siquiera la católica. Aparentemente, el celibato podría ser interpretado como una buena fórmula para aislar a un hombre religioso, un sacerdote, un chamán, un gurú... de los placeres de la carne que algunas culturas consideran, sino perniciosos, sí lo suficientemente atractivos como para distraer demasiado al hombre de su trascendencia espiritual. Es un concepto erróneo. Una prueba demasiado dura. Una invitación a la insurrección. Una renuncia poco comprensible. Y una muestra más de cómo la Iglesia camina en una dimensión paralela a la de la sociedad. La castidad ha convertido a muchos curas, sobre todo en Galicia, en figuras chuscas de leyendas populares que hablan de revolcones, hijos secretos y otras picardías que los humanizaban y relativizaban su poder. Una religión que considera que una mujer no puede representar a Dios igual que un hombre y que una relación carnal desvirtúa no sé que cosa, no parece una opción muy atractiva en los tiempos que corren. Pero, al fin y al cabo, para los curas que quedan, igual no vale la pena ni variar las normas.