EL PNV Y LA MORAL UNIVERSAL

La Voz

OPINIÓN

ALFONSO DE LA VEGA

20 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

La reciente y merecida expulsión del PNV de la Internacional Demócrata-Cristiana me ha evocado la imagen de un árbol. No la del agitado nogal, en que dos valientes periodistas simbolizan las últimas felonías de la actual dirección peneuvista. Tampoco la del viejo tilo del Arenal, árbol cosmopolita e ilustrado, con más razón que raíces, donde los liberales sitiados por carlistas y bizcaitarras encontraban consuelo. Me refiero al árbol que describe el infante don Juan Manuel: el árbol de la Mentira que echó sus raíces enterrando a la Verdad. En sus ramas medraban impostores, lisonjeadores, falsificadores de toda laya y condición, hasta que la Verdad decidió salir a la luz, derribando al árbol y a toda su población de embusteros y logreros. He aquí el problema: la impostura democrática de un partido cristiano, sí, pero en su sentido integrista y fundamentalista. No exagero. Escuchemos al eximio fundador del PNV, Sabino Arana: «Para el hombre, sólo hay una cosa importante: la salvación de su alma..., pero la ordenación actual al permitir el contagio con los españoles impide al vasco la perfección grata a Dios (...) Bizcaya, dependiente de España, no puede dirigirse a Dios, no puede ser católica en la práctica». Así, pues, para el fundador del PNV la independencia resulta necesaria desde el punto de vista religioso, para poder salvaguardar la pureza de la raza vasca y conseguir la salvación. Sus postulados acerca de la expulsión de los españoles significan, en resumen, un programa de limpieza étnica coherente con el término racista «Euzkadi», inventado por el propio Arana en 1899 para designar la realidad de las Tres Provincias, y, lamentablemente, recogido en la terminología política democrática oficial española. A la luz de estos textos no cabe duda de que el PNV resultaría ser una organización católica integrista, de extrema derecha, irónicamente retrofranquista, el último residuo de esa España clerical, tenebrosa, de los estatutos de limpieza de sangre, la ignorancia culpable y la intolerancia cainita. Un partido con semejante ideología, ¿puede considerarse democrático? Los nacionalistas, en su extravío moral, olvidan que la libertad no se encuentra en el fantasioso mundo mítico del rústico roble vasco, con sus renuevos periódicos de fanatismo, sinrazón y violencia. La base del desarrollo de la civilización se halla más bien en la utopía de la Ilustración; en el ideal republicano europeo que pretende la realización personal, social e histórica fundamentada en la Moral Universal. Esto es: la ciencia de la felicidad para todos los hombres, basado en lo que todos tienen en común y cuyo requisito primero es la necesidad de neutralidad religiosa en el ámbito de lo político.