GONZALO BAREÑO
01 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.El puesto de ministro de Interior es uno de los menos gratos que pueden corresponderle a un político por la vinculación del cargo a la represión, aunque ésta sea democrática. En España, ETA lleva, además, 30 años encargándose de que esa responsabilidad se convierta en un potro de tortura. La especial idiosincrasia del cargo hace, por tanto, doblemente meritorio el hecho de que Mayor Oreja lleve años siendo el ministro mejor valorado. Más aun si se tiene en cuenta que esta circunstancia se ha producido antes, durante y después de la tregua de ETA. Otros ministros que mostraron igual o mayor firmeza contra la banda, como Barrionuevo o Corcuera, no eran _ni son_ populares. No cabe, por tanto, achacar en exclusiva la buena imagen de Mayor a su dureza contra los terroristas. Este hombre, que se considera vasco como el que más, pero que abomina de lo que huela a nacionalismo, se ha empeñado en ser lehendakari. Algunos le acusan de utilizar su condición de ministro como catapulta. Fustiga a Ibarretxe _no ayer ante el Papa_, que será su rival en las elecciones. Esta será la verdadera encuesta sobre su popularidad en Euskadi.