LUSOESCEPTICISMO

La Voz

OPINIÓN

MANUEL V. SOLA

18 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Oporto es Barcelona. Lisboa mucho más centralista que Madrid. A Fernando Gomes le hubiera gustado ser Pasqual Maragall, aunque el centralismo luso obliga a equipararlo con el Fraga del norte de Portugal. Gomes era ingrediente básico de la dieta de subsistencia de la eurorregión Galicia-norte de Portugal. Porque es el único líder nato del norte portugués desde Sá Carneiro. Vivir a 150 kilómetros de Galicia le permitió ver el futuro de Oporto más ligado a Vigo, Santiago y A Coruña que a Lisboa. Se granjeó amistades, influencia y bagaje para ser uno de los fundadores del Eje Atlántico y apoyar la creación de una eurorregión política y económicamente fuerte a ambos márgenes del Miño. Contar con el apoyo de Oporto es tan decisivo como tener el respaldo catalán en el diseño de una política económica española. Hoy hace una semana que el presidente de Portugal, Antonio Guterres, firmó el cese fulminante de Fernando Gomes como su ministro de Interior y responsable de Deportes. En el mismo paquete, el norte luso se quedó sin la gestión de los puertos y sin la cartera de Economía. El «golpe a la eurorregión», tal y como lo calificó el presidente del Eje Atlántico y alcalde de Braga, es medible: la dignidad de Gomes, como le sucede a Maragall en Barcelona, le impedirá volver a la alcaldía de Oporto; y el norte de Portugal no tiene otro Fraga que sustituya al carismático líder. ¿Qué tiene esto que ver con Galicia? Bueno, si hasta los burócratas de Bruselas ligan el desarrollo de Galicia con el del norte de Portugal, poco más hay que discutir. El norte portugués es grande, pujante y muy poblado: el mercado ideal para empresas y consumidores gallegos. Por eso (por el poder de Oporto), Galicia se conectó antes por autovía y gasoducto con Portugal que con el resto de España. El último legado de Gomes en el Gobierno luso es de tanto calado como la construcción política y económica de la eurorregión: Lisboa aprobó el domingo un plan director ferroviario que da prioridad a un tren de alta velocidad hasta la frontera con Galicia. Quizás sea la última vez que Lisboa gire sus presupuestos hacia aquí, entre otras cosas porque no sólo teme el liderazgo político de Gomes, sino también el potencial económico de un Oporto ligado a Galicia. Si Lisboa golpea a Oporto, Galicia va a resentirse, porque Portugal buscará conectarse a España por carreteras, trenes y aviones que se dirijan a Madrid en lugar de a Tui.