UN ALZA ENTRE DOS MUNDOS

La Voz

OPINIÓN

FERNANDO GONZÁLEZ LAXE

08 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

La escalada del precio del petróleo alcanza valores desconocidos desde la Guerra del Golfo; esto es, por encima de los 34-35 dólares/barril. Se multiplican las presiones para que la OPEP decida incrementar la producción e iniciar una desaceleración de los precios. Los países industrializados desean un precio en torno a los 25 dólares para evitar una presión inflacionista que frenaría el crecimiento económico. Sin embargo, las compañías petroleras anuncian resultados récords en lo que se refiere a sus beneficios. Las cifras son escalofriantes: en el primer semestre del 2000 las ganancias se han incrementado en los siguientes porcentajes: ExxonMobil, 133%; Shell, 81%; BP, 197%; TotalFinaELF, 165%; Chevron, 218%; Texaco, 154, y RepsolYPF, 301%. Ahora que todos aceptan el equilibrio del mercado, analicemos su ecuación de fuerzas. De una parte, la capacidad de producción es superior a la demanda (81 por 78,5 millones de barril/día); los ritmos y descubrimientos de nuevos yacimientos se han ralentizado; las reservas de petróleo se concentran, mayoritariamente, en Oriente Medio, y la relación entre las reservas mundiales y la producción anual disminuye desde 1989. En consecuencia, el alza del petróleo se inscribe en el contexto de una escasez de reservas y en la necesidad de los países de la OPEP de utilizar un fuerte mecanismo de poder en el escenario mundial. Por otra parte, los mayores consumidores de petróleo, USA y Europa, aumentan su consumo y se muestran indiferentes ante el agotamiento de dichos recursos y sobre las consecuencias de la contaminación. Y son, todavía, escasas las iniciativas de estimulación de energías alternativas y más reducidas aquellas políticas tendentes a economizar la energía. Bajo este contexto, los países están situados ante un problema de margen limitado, y será difícil establecer las pautas del comportamiento futuro de las posiciones. Los países consumidores ejercerán todo tipo de presión para rebajar los precios; las compañías petroleras se encuentran insatisfechas en esta situación inestable, y los países productores dudan en cómo llevar a cabo la asignación y el reparto de los aumentos de producción. Pero de lo que no cabe duda es de que los consumidores finales, usted y yo, no tenemos silla en la discusión; aunque sí sufrimos el alza de la gasolina, los efectos de la contaminación y no percibimos plusvalía alguna de las petroleras.