¿GUERRA? ¿QUÉ GUERRA?

La Voz

OPINIÓN

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS

08 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Venimos oyéndolo desde hace varios meses. Al principio como un pensamiento que sólo unos pocos se atrevían a expresar, temerosos casi todos de que, en su misma verbalización, el fantasma pudiera acabar tomando cuerpo. Después, y poco a poco, como un temor que haciéndose presente pretendía exorcizarse. Ahora ya como un clamor conscientemente ahogado por la necesidad de espantar una idea que produce escalofríos: en el País Vasco se camina a paso de gigante hacia un enfrentamiento civil de unos vascos (los nacionalistas) con los otros (los no nacionalistas). ¡Pero no es cierto! Por más que existan muchas circunstancias que podrían acabar provocando ese terrible resultado, y por más que les guste hablar de guerra una y otra vez a los compinches de los que siembran el terror pistola en mano, en el País Vasco no ha habido ni habrá guerra porque así lo han decidido los únicos que tienen en sus manos evitar que aquella estalle finalmente: las víctimas de los pistoleros y del mundo ideológico y político que los ampara y justifica. Porque no hay guerra cuando la violencia se practica sólo desde un lado, el de ETA y sus amigos: sólo ETA pone bombas y sólo ETA dispara a ciudadanos indefensos por la espalda. Sólo la parda muchachada de Jarrai quema cajeros automáticos y viviendas y automóviles de representantes democráticos del PSOE y del PP. Y sólo los políticos de EH se niegan a condenar un día sí y otro también a quienes han colocado en el mortífero objetivo de sus armas a todos los que se niegan a aceptar la imposición fascista de sus letales delirios patrióticos. No, eso no es guerra. No lo es porque, más allá de los constantes llamamientos a la calma de los partidos democráticos, las víctimas han sabido contener su ira y su terror y responder a la violencia exigiendo pacíficamente el cese de la misma. Porque las víctimas, con una infinita serenidad y valentía, que contrasta con la canallería criminal de los cobardes que disparan en la nuca a quienes sólo pasean tranquilamente por la calle, han sabido contestar con una paciencia y una esperanza inagotables a la presión del espeso entramado criminal que ETA ha generado en un país que, pese a ella, ha conseguido resistir sin doblegarse... ni hacer guerra. No, no hay guerra. Pues no puede llamarse así aquella situación donde unos ponen los muertos y otros, las pistolas. Eso no se parece a la guerra para nada. Eso es sólo tiro de pichón.