MANUEL V. SOLA
01 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Dos navieros gallegos, Fernando Fernández Tapias y José Silveira Cañizares, cobrarán 100.000 millones de pesetas cada uno a Repsol YPF por encargarse de traer gas desde América a España. Antes de analizar la operación, la más importante firmada hasta ahora por navieros españoles, conviene mirar bien los bolsillos. Primero porque el protagonismo económico gallego aparece, como casi siempre en la historia, ligado al mar. Es en el océano donde más líderes tenemos, donde más batallas afrontamos, donde más ganamos y también donde más perdemos. Por mar se desangró la Galicia emigrante de principios de siglo. Y el mar ha devuelto parte de ese capital humano reconvertido en indianos para comprar pisos, bancos y gasolineras. El mar ha hecho despegar a la Galicia costera, capaz de construir la mayor flota pesquera del mundo. Con la excepción de Zara en la industria textil, los únicos top ten mundiales de origen gallego están en el sector marítimo: Pescanova, Vieirasa, Puerta Prado, Fandicosta, Rodman, Iberconsa y ahora también Silveira y Tapias, los nuevos Onassis gallegos del transporte marítimo. Si la geografía no marca el carácter, sí al menos forja una tipología de empresarios. Galicia ha echado casi todo su carácter mar adentro ante el desierto económico de su interior. Casi toda nuestra gran industria tiene su origen en las primeras empresas marítimas, igual en Vigo que en A Coruña, en Ferrol que en la Mariña lucense, en Vilagarcía como en Pontevedra. No debe resultarnos extraño, pues, que ante el nuevo oro económico (el gas) sean gallegos quienes ganen la partida en el terreno que mejor dominan. Pero la buena noticia de la adjudicación a dos navieros gallegos del mayor contrato de transporte de gas no debe empañar la realidad. Al margen de impacto en las cuentas de resultados de Fernández Tapias y Silveira Cañizares _y de algunos trabajos auxiliares que se realizarán en Astano_, la mayor parte del dinero de Repsol no se quedará en Galicia. Tripulaciones y fletes se firmarán en Madrid; los barcos gaseros se construirán en Bilbao y en Cádiz; y ni siquiera el gas se descargará aquí. De nuevo el mar da y el mar quita...