EL DEBATE Vivimos con la convicción de que las personas de edad avanzada no tienen nada que aportar. Al mismo tiempo que crecen las expectativas de vida, aumenta la infravaloración de los ancianos. Ahora los ídolos se centran en la belleza y la juventud del cuerpo y parece que los mayores son arrinconados para que estorben lo menos posible. Lejos queda la identificación de los ancianos con la sabiduría y la experiencia.
25 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.RENTABLE
Fernando Jiménez Herrero, médico especialista en Geriatría
NECESARIOS Y ÚTILES
Vivir bien es un destino común al que todo humano aspira y tiene derecho sin distinción de edad. Siendo la vejez precisa, marginarla es injusto e ilógico, pues los mayores no son inútiles aunque con los años se hayan hecho dependientes. Los mayores del siglo XXI serán más activos que sus padres. Participarán en la cultura, en la política y en toda actividad a la que puedan adaptarse, pues su mayor expectativa de vida les permitirá hacer proyectos y realizarlos. Marginar a los viejos, condenarlos a la soledad, contribuye a crear problemas a la sociedad aumentando sus conflictos. Ayudarlos no sólo es humano, sino práctico y rentable para la sociedad.
EXPERIENCIA
David Calzado, director de Comunicación de la ONG Solidarios
MAYORES ACTIVOS
Dentro de 25 años, más de mil millones de habitantes en todo el mundo serán mayores de 60 años. En España representarán entonces un tercio de la población y hoy son más de siete millones. Todos ellos tienen tiempo, experiencia y necesidad de sentirse útiles. Están jubilados del trabajo remunerado, pero no de la vida ni del compromiso social. Borrar prejuicios es un paso fundamental para transformar el mundo. Y para ello es imprescindible concienciar a la sociedad de que la jubilación y la edad no son sinónimos de pasividad; no son condenas que limiten al ser humano a una vida insípida y sin alicientes. Más bien es todo lo contrario.