AHORA TODO ES NEGOCIO

La Voz

OPINIÓN

ARSENIO IGLESIAS

25 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

En este nuevo caso de fichaje escandalosamente multimillonario estamos hablando de Figo y de muchísimo dinero, tanto que no creo que se pueda explicar como el simple interés de un club por un determinado jugador de fútbol si nos centramos sólo en su calidad profesional, que, sin duda, es mucha. Tiene que haber algo más: un interés especial por determinada persona, un jugador carismático del eterno rival, uno de los favoritos de la afición y, sobre todo, alguien cuyo fichaje pudiera significar un enorme golpe publicitario ante unas elecciones. Así, ni más ni menos, es como se unen estos dos nombres: Florentino Pérez y Figo. De todas formas, en estos tiempos que corren tampoco es demasiado anormal ver cosas así de desmesuradas. Es la ley del mercado la que indica que si quieres mantenerte arriba tienes que luchar por hacer un equipo competitivo donde estén los mejores. Y los mejores cuestan mucho dinero. Y cada vez más. Existe una gran necesidad de ganar títulos y las competiciones las suelen ganar los grandes equipos, o por lo menos los clubes que no se equivocan a la hora de fijar y conseguir los fichajes, porque, qué duda cabe, no todo lo caro es bueno. Tenemos como ejemplo claro el del Barcelona de hace un par de temporadas, cuando fichó a Rivaldo y a otros grandes jugadores y lo ganó casi todo; pero a la temporada siguiente ya no ocurrió lo mismo porque sus competidores directos también apuraron los bolsillos y se reforzaron mucho mejor. Y es que el mundo del fútbol en España está lleno de casos Figo o de casos Rivaldo. Se compite por los mejores jugadores y éste es un fenómeno que se traspasa a otros países donde el fútbol es un deporte económicamente rico, como Italia, Inglaterra y Francia. Por esto no creo que las relaciones entre el Real Madrid y el Barcelona sufran un revés demasiado grande; todos comprenden que este mundo funciona así, es parte del espectáculo, se «roba» un jugador y después se hurga en la herida. Es el fútbol, una parte más de la vida que ahora mismo está por encima de cualquier cosa; es un generador de ilusiones, por lo menos para la hinchada, que aún mantiene un cierto grado de cariño hacia unos colores, hacia el escudo, algo que ya no se contempla a la hora de organizar un club donde todo se basa en el dinero. Ya no es como en mi época, ni como entrenador, ni mucho menos como jugador. Ya no existe romanticismo en el fútbol. Ahora todo es negocio.