¿SIRVEN PARA ALGO LOS CURSOS DE VERANO?

La Voz

OPINIÓN

EL DEBATE Cada verano las universidades ponen en marcha cursos estivales colmados de conferencias y mesas redondas, encabezadas por relevantes personajes. Se han convertido en una tradición y no hay universidad que no presuma de su curso de verano. ¿Son una iniciativa científica o una imagen promocional de los centros?

01 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

EN CONTRA-CURSOS CALIENTES
Los absurdos "cursos de verano" de las incongruentes "universidades de verano" son una fórmula sencilla y efectiva para tratar de comerse algún rosco en un ambiente erudito, sin tener que andar por ahí en bañador y camiseta de tiras. Son la disculpa perfecta para que el catedrático pueda echarse una canilla al aire con esa alumna que le lleva sonriendo todo el año, o con ése becario que ansía entrar a colaborar en su departamento. La fama de "mesas redondas, cafelitos y sexo discreto" que se han ganado éstos cursos, ha logrado multiplicar el número de matriculados en poco tiempo, llenando sus aulas de trepas.
CÉSAR STRAWBERRY es cantante de Def con Dos
A FAVOR-SE APRENDE A FORMARSE
La cómoda y relajada relación que se establece entre conferenciantes y cursillistas en los cursos de verano es claramente distinta de la que transcurre en las aulas universitarias. En estas, el aprendizaje es obligatorio y debe ser comprobado con exámenes. De forma distinta en los cursos de verano no existen programas estructurados y los asistentes eligen libremente los temas que les resulten más atractivos. Además, las relaciones interpersonales transcurren sin que se establezcan distanciaciones jerárquicas lo que permite que las ideas, transformadas en conocimiento tras numerosas discusiones, invadan el ambiente veraniego.
ALBERTO PORTERRA es director de los cursos de verano de El Escorial