Bastante mejor que el Spotify

CULTURA

08 sep 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Una veintañera ensalza las bondades de Internet a nivel cultural. Se centra en la música. «Si me hablan de un grupo, lo busco y lo escucho, sin más», argumenta frente a un pasado lleno de trabas en el que no solo había que pagar por la música, sino apelar al giro postal internacional en muchas ocasiones. Nada que objetar a ello desde los melómanos de mayor edad. Sin embargo, esa joven se ha criado sin algo: el misterio. Lo desconoce. Un roquero cerca de los cuarenta se lo explica: «Veías a Iggy Pop con el pecho ensangrentado en el Ruta 66 y era un shock». Su compañero lo secunda: «Pero al no tener el disco, leías el artículo y veías esas fotografías, acrecentando el deseo». Se creaba una tensión. Y, por casualidad, días después La 2 emitía un documental sobre el punk-rock y aparecían The Stooges como un latigazo. Vértigo. Conmoción. Vuelta a la revista. Todo hasta que un día el disco llegaba a casa, con el deseo desbordando. La aguja caía sobre el vinilo y, ¡uau!, la habitación explotaba de placer auricular. Se subía el volumen y daba la sensación de acceder a una habitación inexplorada. Observando aquella portada, revisando las letras, llamando a las canciones por su título y no diciendo «la cuatro». «Buff, tenía que molar», dice la chica. Pues sí, bastante más que ir al Spotify y evaporar el misterio en apenas unos segundos.