Armiño publica una traducción de «Madame Bovary» con pasajes inéditos
17 ago 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Uno de los clásicos de la literatura universal, Madame Bovary, llega a las librerías en una nueva traducción que incluye tres fragmentos inéditos. Mauro Armiño (Cereceda, Burgos, 1944), Premio Nacional a la Mejor Traducción en el 2010 por Historia de mi vida (Atalante), de Casanova, ha preparado esta nueva versión para Siruela, que sigue a su reciente traducción de La educación sentimental (Valdemar).
-¿Qué impresión se llevará un lector que ya conociese el texto anterior con estos tres textos hasta ahora inéditos?
-La recuperación de los tres fragmentos suprimidos por Flau-bert de Madame Bovary aporta una insistencia en un hecho fundamental para el novelista: un rechazo a que las mujeres lean, porque la lectura les provoca males no solo morales sino también físicos y fisiológicos; esta postura la encarna un personaje como Homais, dibujado por Flaubert como representante del progreso, hombre de ciencia y boticario, pero estúpido. Leer las novelas del romanticismo (movimiento ya caducado) le seca a Emma Bovary, como a Don Quijote, el cerebro, y desarrolla en su mente más que la imaginación la fantasía, una fantasía que solo se apoya en deseos de ficción, irreales. La visión de la madre de Charles Bovary, en el segundo fragmento, resume las ideas del conservadurismo procedente de la Edad Media: Emma sería, según ella, una intelectual que necesita vigilancia y debe someterse al papel tradicional de la condición femenina: el hogar y sus deberes.
-Los dos primeros fragmentos son bastante críticos, mientras que la supresión del tercero parece más bien obedecer a un criterio de cohesión narrativa. ¿Es la novela que conocemos el resultado de ese proceso doble de censura y edición?
-La supresión, en los tres casos, tienen un mismo origen: su amigo Maxime du Camp le convence de que apartan el foco del nudo principal de la novela: no aportan nada sobre Madame Bovary y su, llamémoslo, problema, sino sobre el entorno.
-Julian Barnes dice que para Flaubert la reescritura era lo importante, ya que era la que proporcionaba el estilo, y lo comparaba con la acción de peinarse: al igual que cada vez que se pasa el peine el cabello brilla más, también cada vez que se reescribe la prosa brilla.
-Flaubert era un obseso del estilo: en sus Tres cuentos, que traduje hará veinticinco o más años, el manuscrito es el doble del resultado final; es un trabajo casi paranoico de búsqueda de un estilo casi oral, sencillo, prácticamente sin metáforas, como reflejo de la realidad.
-En esta edición también hay notas que informan y contextualizan de elementos propios de la época que al lector de hoy le pueden sonar lejanos o desconocidos? ¿Cómo decide si le dedica una nota o si por el contrario busca un término equivalente o semejante para el texto?
-Si la novela ofrece alusiones a datos o elementos históricos des-conocidos para la mayoría de los lectores -incluido el lector francés-, ¿qué lee el lector sin esa referencia? Serían líneas sin sentido. De ahí que sea obligado, y de manera especial en La educación sentimental, que une al protagonista, Frédéric Moreau a hechos y personajes concretos e históricos, a noticias del día que figuraban como sucesos en la prensa, pero de hacía ya diez años.
-Flaubert publicó «La educación sentimental doce años después de «Madame Bovary». ¿Qué diferencias encuentra en él, como escritor, en ambas obras? ¿Se acentúa el tratamiento del tema de la desilusión y la decepción? ¿Es «La educación...» más «histórica» en el sentido de que retrata episodios de historia colectiva?
-La educación sentimental podría considerarse como la primera novela «moderna» de la edad contemporánea porque Flaubert hace algo que no se había hecho hasta entonces: mete la historia, los sucesos del día, en la piel de Moreau; y en Moreau Flaubert simboliza la tumba de las «ilusiones perdidas» de toda una generación que vio en el romanticismo por un lado, y en los movimientos revolucionarios de 1830 -contra el gobierno reaccionario de Carlos X- y de 1848, contra Luis Felipe, un paso hacia delante: de 1840 a 1867, es decir de su juventud a su madurez, Moreau contempla cómo los sueños, todos, desde los políticos a los sentimentales, se han desvanecido ahogados por la estupidez, la corrupción de las ideas, el oportunismo...
mauro armiño premio nacional de traducción