Con noche fría y por debajo del lleno Primal Scream recuperó el concierto suspendido tras el accidente de Angrois.
07 sep 2013 . Actualizado a las 16:02 h.Porque septiembre no es julio o porque el día amenazó con lluvia o porque los noventa no despiertan la nostalgia de otra época. O porque Primal Scream están en el camino de vuelta y una parte de los que fueron sus seguidores todavía no se lo han reconocido. El caso es que el concierto de la banda escocesa en la noche compostelana se quedó un poco corto de público y, también algo, de ambiente. Los noventa fueron malos en muchos sentidos, pero su cartel está en esa etapa de recuperar a los debutaron como espectadores en aquella década.
Para Primal Scream la nostalgia no es un plan y el concierto estuvo más empujado por su último disco, More Light, y por cómo la banda traslada al directo aquello que en el estudio se escapa por esas posibilidades de la electrónica y por esa cierta manía de la banda de hacer collages en unas canciones y otras. El hecho de que el principio del concierto coincidiese con el inicio del nuevo disco, con 2013, apunta a esa recuperación de la banda que desde la salida del disco y a lo largo del verano parece indicar otras salud.
Pero hagas lo que hagas en un disco, si quieres que el directo funcione lo mejor es entregarse a las guitarras. El saxofón que parece novedoso en la carrera de Primal Scream quedó como un apunte para hacer señales y el inicio guitarrero fue seguido y agradecido por un público al que le costó un poco olvidar la frialdad de septiembre en Galicia. Bobbie Gillespie debió percibir algo de la distancia de la audiencia que entre una canción y otra ofreció el micro al público: «A ver si consigo escucharos». Hasta la mitad del concierto no se escucharon las primeras muestras de entrega a la banda por parte de un público que no llenó A Quintana y que estaba entre expectante y sorprendido por la delgadez del líder. La leyenda, autopropagada, de que Gillespie tiene una parte biográfica idéntica a la Dorian Grey sirve para especular entre canción y canción. La recta final del concierto la marcó It?s Alright, It?s OK, del último disco.
Primal Scream se dejó los coros en casa, jugueteó con el postureo, incorporó algunos adornos y se dedicó a lo que se funciona en los conciertos, algo que el grupo sabe practica: dotar a las canciones de ese aire de himno que motiven a la audiencia emotivamente. Esas cosas, claro está, funcionan mejor cuando se conocen bien las canciones y rodeados de un ambiente festivalero. A Quintana estaba en la noche de ayer un poco lejos de esas condiciones.
Las canciones de Primal Scream son obsesivas, con las codas largas, y con la tendencia a reiterarse. Como algunos rezos. Pero la banda le saca mucho partido al directo. O conserva la energía o la recuperado por la vía de poner cada sonido en su sitio. Bailar es un verbo que ayer no se conjugó mucho, aunque el grupo repasó algunos de sus momentos bailables y a tontear con lo que advierten en los festivales sobre no sé qué parecidos con Mick Jagger y la larga sombra de la puesta en escena de los Stones.