La muestra reúne once obras del exquisito pintor del barroco español
12 mar 2013 . Actualizado a las 06:00 h.Con once obras, el Museo del Prado organiza la exposición más grande de las que puedan hacerse sobre Juan Fernández El Labrador, uno de los artistas más desconocidos, enigmáticos y exquisitos del barroco español, maestro de las naturalezas muertas y, en especial, de la pintura de uvas. Cinco de las obras exhibidas pertenecen al propio Prado -cuatro de ellas, procedentes de la Colección Naseiro-, y el resto han sido cedidas por el Museo Cerralbo, la colección de Isabel II de Inglaterra y fondos particulares.
Con una sola obra firmada, de las trece atribuidas en todo el mundo a la mano de uno de los pintores de bodegones más destacados de la Europa del siglo XVII, el Prado llegó a comprar en 1946 la pintura Florero, que se exhibe en la exposición, pensando que se trataba de una obra de Zurbarán.
También es un florero la única pieza firmada por El Labrador. La obra se encuentra en una colección particular holandesa y no ha viajado a la exposición. El estudio de la firma, en la que en lugar de Fernández se puede leer «Fernandoz» indica, según Ángel Aterido, especialista en pintura española del Siglo de Oro y comisario de la exposición, «que no sabía escribir». Aterido lo sitúa en un nivel semejante al de Juan Sánchez Cotán y superior al de Juan Van der Hamen, El Labrador «es algo excepcional y único» en opinión del comisario, quien espera que a raíz de esta exposición «surjan más cuadros del artista». Se cree que en el Reino Unido hay entre ocho y diez pinturas, de las que solo dos están localizadas. Los escasos datos que se tienen de este «perfecto desconocido» lo presentan como un hombre de origen campesino, que vivía alejado de la corte, a la que viajaba una vez al año para vender sus cuadros». Un noble italiano le hizo encargos, potenció su cultivo del bodegón y encauzó su carrera.