Acepta su dimisión y Juan Filgueiras ocupará el cargo en funciones
22 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.El arzobispo de Santiago, Julián Barrio, ha aceptado la dimisión del deán de la catedral compostelana. El trámite consuma la salida de José María Díaz de la presidencia de la basílica, a la que a partir de ahora tan solo estará vinculado, por su calidad de jubilado, como canónigo emérito.
La decisión ya ha sido comunicada oficialmente al cabildo compostelano, al que se ha dado orden de iniciar el proceso de elección del nuevo deán. Mientras, y en virtud de los estatutos de la catedral, el canónigo de mayor edad ocupará el cargo en funciones hasta que se celebren elecciones. El deanato ha recaído por tanto en la figura de Juan Filgueiras, que es el prefecto de ceremonias.
Los comicios podrían celebrarse ya el 5 de enero. Los estatutos del cabildo compostelano exigen que el candidato obtenga en la primera ronda los dos tercios de los votos. En caso de que no logre esa amplia mayoría, habría una nueva votación y, si aún así tampoco se alcanzase el apoyo de los dos tercios de los representantes, se procedería a elegir al deán entre los dos canónigos que hayan recibido más sufragios.
José María Díaz entregó su carta de dimisión el pasado martes al arzobispo. No ha querido hacer declaraciones públicas y se ha limitado a alegar que deja el cargo por «motivos personales». La realidad es otra. Lo cierto es que su figura ha estado en entredicho desde que el 7 de julio del 2011 se hizo pública la desaparición del Códice Calixtino, de cuya custodia era responsable porque además de deán era el archivero de la catedral.
Las críticas que recibió Díaz, incluso en el mismo seno de la Iglesia, por la falta de seguridad del archivo catedralicio quedaron en nada cuando, al aparecer en julio de este año el Códice, la policía encontró casi dos millones de euros en los registros que se practicaron en los domicilios del ladrón del famoso libro.
El juez instructor del caso y artífice de la aparición del Calixtino, José Antonio Vázquez Taín, determinó que esos casi dos millones de euros procedían de la caja fuerte de la catedral y que eran el fruto, presuntamente, de los robos que a lo largo de más de una década y de forma sistemática habría efectuado Fernández Castiñeiras, ex electricista de la basílica y que está en prisión preventiva desde julio.
El hecho de que los robos de dinero, pese a su elevada cantidad, no hubiesen sido denunciados por el ya ex deán compostelano puso a José María Díaz en el centro de todas las críticas. La Conferencia Episcopal, a cuyo frente está el cardenal Antonio María Rouco Varela, ex arzobispo de Santiago y que, por tanto, conoce a la perfección la plaza, tomó cartas en el asunto. Ordenó al Arzobispado que exigiera el cese de Díaz. Así lo hizo Julián Barrio, pero el deán se resistió y se aferró al cargo.
Ante esta actitud, el Arzobispado destituyó a Díaz del cargo de archivero y poco después, en una decisión sin precedentes en los 800 años de historia de la catedral, vació el deanato de todo poder administrativo, entregando el control de las cuentas a la Fundación Catedral y nombrando a un administrador seglar para poner orden en la basílica.
Ahora, y ante la perspectiva de la celebración del juicio por el robo del Códice, la presión sobre José María Díaz se hizo más intensa y esta vez sí aceptó cesar como deán. La Iglesia no quería que siguiese en el cargo cuando declare como testigo en la vista. La posibilidad de que el proceso sea un escándalo es evidente, toda vez que el ex electricista declaró que robó el Calixtino para vengarse del dimitido deán.