Las destrezas profesionales adquiridas no son patrimonio de una edad determinada, pero las personas con una trayectoria laboral sólida a los cincuenta tienen mucho que ofrecer
15 ago 2021 . Actualizado a las 12:18 h.No sé si es porque me toca muy de cerca (estoy en mis 53), pero me resulta complicado entender por qué existe cierto rechazo en algunos a contratar profesionales de cincuenta o más. Lo digo porque a esa edad mucho queda aún por ofrecer y ese mucho se traduce en una palabra: Talento. No me interpreten mal, el talento no es patrimonio de una edad determinada y, al menos en mi caso, me he encontrado gente de enorme talento que tenía veinte años, treinta o cuarenta; pero no duden tampoco que esa misma gente al llegar a sus cincuenta lo doblará o triplicará. ¿Por qué? ¿Qué es lo que alguien con una sólida vida laboral a sus espaldas puede aportar a sus cincuenta y tantos? ¿En qué se resume ese talento del que les hablo?
1. Experiencia: El camino se hace al andar y es caminando cuando surgen imprevistos, obstáculos, baches a sortear; la experiencia nos permite enfrentarnos a situaciones nuevas a las que ha de buscarse una salida que no aparece en los libros y eso nos convierte en gente con recursos. Los ciclos biológicos no pueden acortarse, la naturaleza impone su propia ley y no cabe quemar fases: si todos aceptamos que la madurez personal exige pasar por determinadas etapas (infancia, adolescencia, etc.), la profesional no constituye una excepción a la regla. La experiencia es un abanico que despliega múltiples escenarios ante los que reaccionar y ese abanico se nutre con los años, no con los libros; con estos últimos se aprende conocimiento, con la experiencia (que no antigüedad) se aprehenden otras cosas. Teoría y práctica resultan esenciales para un desempeño profesional óptimo, pero la práctica exige vivencia, tiempo, y eso hace que los de cincuenta algo podamos decir al respecto.
2. Habilidades: Las habilidades se entrenan con independencia de las que de serie se traigan. Cuando en la universidad los alumnos me preguntaban si creía que el liderazgo era innato o se aprendía, a menudo les contestaba que el mejor líder es el que combina: si existe un sustrato, una buena materia prima, el camino está medio allanado; así pues si hay madera, al ir discurriendo nuestra vida laboral desarrollaremos cierto olfato, intuición, mejoraremos nuestra capacidad de expresión, de escucha, nuestra forma de relacionarnos con los demás. El tiempo, de nuevo, será nuestro aliado y nos ayudará a ser mejores profesionales porque nos posibilitará movernos en un entorno cambiante e incierto, nos hará peces más aptos para nadar en aguas turbulentas.
3. Adaptabilidad: Chámalle equis, que diríamos los gallegos, pero me refiero a cierta polivalencia, a la capacidad de ser útil en varias cosas porque uno acaba teniendo que hacer de todo un poco y eso lo facilita también el devenir laboral. Trabaje solo o para una empresa, no puede uno limitarse a ser en exclusiva un técnico en lo que hace, resulta preciso que aprenda a tocar varios palos. Imaginemos un abogado con su propio despacho: vale que ante todo deba ser un especialista en su materia, pero lo cierto es que no lo será si no ejerce un poco de psicólogo (siendo consciente de que parte de su trabajo consiste en escuchar a sus clientes); si no tiene un plan de desarrollo de su negocio y si no se ocupa de su formación y de la de quienes contrate. Qué decir si uno trabaja en una empresa, en la que existen diversas áreas y en las que el resultado dependerá del trabajo conjunto de todas. El haber caminado por la senda laboral normalmente nos habrá permitido hacer varias cosas o, por lo menos, ver cómo se hacen y eso nos habrá transformado en personas (o profesionales) más completos.
Podría continuar señalando aportaciones que algunos de los que pasan de los cincuenta pueden ofrecer, pero todas se resumen en una, Talento (con mayúsculas), pues el resto no son sino las caras visibles del mismo. Ahora bien, si todo son ventajas en los de mi quinta, podrán preguntarse legítimamente por qué los mayores de cincuenta tienen problemas en que los contraten, dónde está el truco; algunos piensan que si acaso en el cansancio, en la falta de empuje, de ímpetu, en que se está ya más de salida que de entrada, pero les confesaré que en absoluto; en referencia a la edad me dijo mi admirado Álvaro Perea González, todo un lujo de letrado de la Administración de Justicia y todo un lujo de persona, que «los 50 son los nuevos 30», así que tengan por seguro que a los que nacimos con la nocilla por merienda, resuello no nos ha de faltar; ahí seguiremos, siempre en la brecha.